PARA COMENZAR…

Elegimos el libro de Rut. Ese relato bíblico tan entrañable. Ningún elemento grandioso existe en él. Sólo la sencillez de la vida campestre, de la compañía, de la vida y de la muerte, de la fidelidad hecha prueba y seguimiento.

Tal vez por eso nos hace pensar en Paula. En ella la sencillez se hace humildad, el seguimiento servicio, la fidelidad desentierra lo fecundo, el grano se convierte en espiga…

Cualquier página de la Biblia es fuego, es luz, es camino, verdad y vida. Así lo será el relato del libro de Rut. Parafraseamos a Megan McKenna para situarnos. "La lección de los relatos -dice- quiere incitar a la conversión. Están dirigidos no a dividir sino a crear comunión. Los poderes de los relatos están orientados al diálogo, entre nosotros y el texto, y entre nosotros mismos. Debemos comenzar por la lectura y la reflexión con respeto y reverencia por el texto, amándolo y desarrollando una relación con él y con los demás. Como el joven Samuel, debemos decir: "Aquí estoy, Señor". Y permanecer en silencio para que el texto hable.

El texto -sigue diciendo- es como una masa que debe ser trabajada, enharinada, amasada, extendida, enrollada con otros ingredientes tales como la oración y la vida, el rito y la justicia, y cocida al horno antes de poder ser comida compartida".

"En las historias, en las narraciones, se ofrece el sentido de la vida. Por tanto, lo que recibamos como narración va a ir conformando nuestra vida, nuestra mentalidad, nuestros afectos. En ellas nos reconocemos y aprendemos de nosotros mismos y de los otros", dirá M. Navarro.

Y D. Aleixandre reflexionará así: Es escuchar la frase de Natán a David: "Ese hombre eres tú", es dejar de ser espectadora para convertirte en protagonista. Llegar a la confesión de "Esta historia es mi historia" será vencer la tentación del desentendimiento y evasión, el preferir quedar al margen, observar desde fuera, aplicar a otros lo que se ve y se oye, huir sutilmente de la posibilidad de verse implicado, afectado y concernido.

Así nuestras actitudes ante el libro de Rut. Esta narración didáctica que la Biblia nos ofrece llena de espontaneidad y muy rica en valores. "Eres mujer y eres luz", se dice de Paula Montal. El libro de Rut es como un rayo luminoso en las páginas bíblicas. Esta historia de Rut y Noemí puede ser la de Paula e Inés, o ¿por qué no?, la tuya y la mía. Podemos leerla juntas y a tres bandas. Una especie de tertulia en la que nos damos cita este corro de mujeres. ¿Invitamos a María, la Madre de Jesús? En medio está El como el Maestro y el Señor.

Descálzate. Toma el texto. Escucha. El Maestro te habla.


Primero LEE EL TEXTO BÍBLICO SIN PRISAS, EN FE Y EN ENTREGA DE LO QUE ERES. Puedes hacer Lectio Divina con él.

 

NOEMÍ E INÉS, PAULA Y RUT,
MARÍA DE NAZARET…

Situado en el Antiguo Testamento, el libro de Rut es una obra maestra de la literatura narrativa hebrea. Una mujer como protagonista. Junto con Tamar y la mujer de Urías (y, por supuesto, María), es nombrada en la genealogía de Jesús escrita en el primer capítulo del evangelio de Mateo. Como Rut, hay gente anónima, hechos cotidianos que no deslumbran, pero que hacen grande la vida y la convierten en luz empujando la historia, calladamente, hacia su plenitud. Así la de Paula e Inés. Por eso entramos en esa corriente de vida sencilla, de respuesta en pequeños gestos. Lo hacemos con una lectura espontánea del relato con algunas anotaciones que pueden ayudar. Las mejores son las que haces tú. Lo importante es que Dios se revele, se te revele una vez más, y tu vida se haga "vidriera" de Dios, como la de nuestras hermanas en la fe.


BELÉN Y MOAB

El libro de Rut se escribe en la época de los Jueces. Y el relato se sitúa en dos escenarios. Uno de ellos es BELÉN. El otro MOAB.

También se le llama EFRATA. Belén de Efrata. Es una de las ciudades de Judá, situada cerca de Jerusalén. Allí murió y fue enterrada Raquel, esposa de Jacob, padre de las tribus de Israel. Es, por tanto la cuna del Judaísmo, del Pueblo Elegido por el Dios vivo, el de la Alianza. "Belén" aparece con frecuencia en la Biblia. ¿Quién no recuerda aquella Palabra proclamada cada año en Navidad "en cuanto a ti Belén Efrata, la más pequeña entre los clanes de Judá, de ti sacaré al que ha de ser soberano de Israel"?. Belén tierra de David y tierra del Mesías, de Jesús, de El Cristo.

Y el otro es MOAB. "Una jofaina para lavarme", dirá el salmo. De las dos hijas de Lot que concibieron de su padre, la mayor tuvo un hijo, Moab, padre de los moabitas. Está al otro lado del mar Muerto. En Moab está el monte Nebo desde donde Moisés divisó la Tierra Prometida cuya entrada en ella Dios le negaba. Es lugar de guerras y contiendas. En la Biblia aparece su soberbia desmesurada, su orgullo e intolerancia. Llegó a someter a Israel por haber ofendido a Dios. Adoraba a "otros dioses".

Belén y Moab. No es fortuito detenernos aquí. Porque "En los días en que juzgaban los jueces -y leemos ya el libro de Rut- hubo hambre en el país, y un hombre de Belén de Judá se fue a residir con su mujer y sus dos hijos, a los campos de Moab". Belén significa en hebreo "Casa del Pan". A los de Belén podríamos llamarlos belemitas y belenitas, que en nuestra traducción significaría paneros o panaderos… Y sin embargo en la Casa del Pan hay hambre. Es como si en la Iglesia nuestra de hoy, o en la Vida Religiosa, lugares de vida sobreabundante, viviéramos el desencanto, la flojedad, la falta de fe, y de esperanza, y de amor. En Belén falta el pan, y en la Vida Religiosa nuestra, la de este mundo occidental, falta la vida. A la mujer de Arenys y a la de Figueras le faltaba la cultura.

El éxodo es la alternativa. La salida. O mueres de hambre, o buscas el pan. Ante el túnel de la muerte, hay que buscar la salida. SALIR… Noemí, junto con su marido e hijos, se fueron a Moab, al otro lado del Mar Muerto. "Muerto"… Circunvalar la muerte… Salió de la tierra del Dios Vivo y se fue a la tierra politeísta. Huye de la muerte y se encontrará con más muerte, lejos del Dios de la Vida. Huye de la oscuridad y se introduce en otra más densa, más angustiosa, más asfixiante… "Murió Elimélek, su marido y quedó ella con sus dos hijos. Éstos se casaron con mujeres moabitas, Orfá y Rut. Murieron también ellos dos, Majlón y Kilyón, y quedó sola Noemí, sin sus dos hijos y sin marido".

SALIR… ¿Mereció la pena? ¿Hacia dónde salir hoy? ¿Dónde está el rostro del Dios Vivo? Paula e Inés afrontaron el riesgo y, cargadas de fe, marcharon a Figueras. A servir. A enseñar lo que ellas sabían, que no era mucho. María salió también hacia Ain-Karin. Isabel, su prima, la necesitaba… ¿Morir para más morir? ¿O morir para dar vida? Misterio Pascual… que sea el de Jesús.


"DONDE TÚ VAYAS YO IRÉ"

Los hijos de Noemí se habían casado en Moab. Sus mujeres eran moabitas. Podemos suponer que éstas "adoraban a otros dioses". Y podemos pensar que, al lado de sus maridos, se convirtieron al Dios de Israel. Sus maridos mueren y solas y sin hijos, se quedan con su suegra. Desolación y angustia. Tanta no es posible. Noemí decide regresar, volver a casa, a los nuestros, a Nuestro Dios. Así como lo hiciera el Hijo Pródigo. Vamos. Nos volvemos. En Belén ya hay pan, en realidad nunca faltó, nunca debería haber salido de la Casa del Pan.

"Salió, pues, con sus nueras, del país donde había vivido y se pusieron en camino, para volver a la tierra de Judá". Noemí volvía a su casa. Rut y Orfá dejaban atrás a los suyos. Ahora eran ellas las del éxodo. Resulta difícil entrar en la vivencia personal de estas mujeres, la de cada una: fracaso, desconcierto, angustia,… cada una viviendo su dolor, sin poder llevar el de la otra. Pero compartiéndolo se hacía más llevadero. Tu hombro agilizaba mi propio peso.

El viaje de Paula e Inés era distinto: allí había ilusiones, proyectos, apertura a lo desconocido, riesgo, fe… al llegar a Figueras, oyeron aquella invitación a "volver a casa" de boca del Párroco y ante sus 40 reales. "Sí, para eso hemos venido, para marcharnos!". Aunque luego tuvieran que regresar, volverían al Ampurdán.

¿Cuál es nuestro sitio hoy? El tuyo y el mío, el de la Escuela Pía. ¿Qué salida te pide, nos pide, el mismo Dios que movía los hilos de la historia de nuestras hermanas en la fe, los de Noemí y Rut, los de Paula e Inés, los de María?. Podemos afirmar que hay un dinamismo distinto de fe y de respuesta, Pero dinamismo, proceso, hay escucha y hay respuesta. De lo contrario no hay historia de Salvación.

Rut y Orfá. Noemí sabe bien del sacrificio de sus nueras. Muerto el amor de su vida, emigran a un país extranjero, allí donde los judíos odiaban a las moabitas. Por eso la invitación generosa de su suegra: "Andad, volveos cada una a casa de vuestra madre. Que Yahveh tenga piedad de vosotras como vosotras la habéis tenido con los que murieron y conmigo. Que Yavheh os conceda encontrar vida apacible en la casa de un marido". Encrucijada, lugar de decisión. Concentración y profundidad de lo humano, llanto y beso. Discernimiento: ¿seguir o no con Noemí? Volver a los dioses u optar por el Dios verdadero. Poderoso y Siervo… Toda la vida en juego.

Y aquí dos respuestas bien diferentes. La de Orfá que había sido llamada providencialmente a la fe, a adorar al mismo Dios que adoraron las generaciones de Lot, su antepasado. Repite el gesto de la esposa del sobrino de Abrahán que vuelve la mirada hacia Sodoma y Gomorra. Orfá se vuelve con sus dioses. La despedida es con beso y con lágrimas. No sé por qué nos recuerda "otro beso", entonces en la noche oscura de Getsemaní.

La respuesta de Rut nos sobrecoge. Nos quedamos con ella fascinadas por la decisión de su seguimiento. Es difícil encontrar en la Biblia una expresión más clara, más rotunda, más fiel.

No insistas más en que me separe de ti. Donde tú vayas, yo iré; donde tú vivas viviré; tu pueblo es mi pueblo, y tu Dios es mi Dios; donde tú mueras moriré y allí me enterrarán. Juro hoy solemnemente ante Dios que sólo la muerte nos ha de separar.

Es la conmoción del ser por la fe que arde ya en ella. Es fe simple y transparente. "Tu Dios será mi Dios". Noemí es el eslabón con que Dios ha unido para siempre a Rut con su pueblo y su Mesías, y entra en la línea ancestral de la genealogía de Jesucristo. Rut, una moabita, una extranjera.


"CAMINARON LAS DOS JUNTAS"

Nos quedaríamos ya aquí contemplando que a veces lo nuestro es acompañar a Orfá. Pero ahora nos queremos ir con Rut. Ella y Noemí se pusieron a "caminar juntas hasta Belén". Aquí se abre una nueva etapa. Es amistad fiel. Es encuentro con Dios, es seguimiento. El de Noemí y el de Rut. El de Paula y el de Inés. El de María. El tuyo y el mío. El de la Escuela Pía.

Al verlas caminar juntas, al escuchar el susurro de sus pisadas, oímos también los pasos de Paula e Inés. Inés, la de carácter extremadamente tímido y cuya humildad le hacía tenerse por la más ruin, la amiga íntima a la que Paula recordará agradecida por su amistad fiel (¿o fidelidad amiga?). Caminaban hacia Figueras como lo hicieran Rut y Noemí, con la misma firmeza y decisión. Es hermoso quedar en silencio y escuchar sus conversaciones, convencidas como estamos de que lo suyo no era un "paseo más o menos romántico", sino un camino de respuesta en la fe, cargado de aventura y de riesgo. Y mientras tanto te puedes preguntar… ¿Tú caminas? ¿Hacia dónde? ¿Con quién caminas? ¿qué llevas en tu equipaje? ¿Caminamos juntas? ¿Qué dejamos y hacia dónde vamos? ¿De qué hablamos? ¿Verdad que nos recuerda aquel otro viaje de Nazaret a Ain-Karin en el que María conversaba con el Hijo de sus entrañas? ¿O aquel otro camino de Emaús en el cual se iba calentando el corazón al lado de aquel Peregrino que nos explica las Escrituras? ¿Nos ponemos a caminar como aquellos enviados por Jesús, de dos en dos, para llevar su mensaje a todos los pueblos? ¿Dejamos en nuestro camino espacios de silencio para que entre la brisa de Dios y avive las brasas escondidas en nuestras entrañas?
Noemí era mayor. "Porque yo soy demasiado vieja para casarme otra vez. Y aún cuando dijera que no he perdido toda esperanza, que esta misma noche voy a tener un marido y que tendré hijos ¿habríais de esperar hasta que fueran mayores?". Sabemos que detrás de estas expresiones está la ley del levirato. Pero sabemos también que es la realidad de muchas de nuestras comunidades. Abunda la edad "demasiado vieja", en labios de Noemí. Habrá que dejar sucederse los acontecimientos para constatar la sobreabundancia de fecundidad que esa edad esconde. Pero podemos comprobar ya la decisión de Rut, con menos años que su suegra, que nos invita a las hermanas más jóvenes, de número muy reducido, a decisiones firmes y cargadas de fe, y de esperanza y de amor. Y, a la vez, muy sencillas: hacer juntas el camino, el regreso. Alguien nos guía y protege, como a Noemí y a Rut, como a Paula e Inés. Él mismo dará fecundidad a nuestra fe.

"LLEGARON A BELÉN AL COMIENZO DE LA SIEGA DE LA CEBADA"

Así termina el primer capítulo del libro. Y llegan vacías, despojadas. "No me llaméis ya Noemí, llamadme Mará, porque el Poderoso me ha llenado de amargura. Salí llena y vacía me devuelve el Señor". Todo es confesión espontánea de lo humano. Todo confesión de espontaneidad. Nos resulta difícil entrar en la pedagogía de Dios que del vacío del sepulcro saca la resurrección eterna, plena y total, del Hijo de su Amor. "Llegaron a Mará, pero no pudieron beber sus aguas porque eran amargas, por eso se llamará Mará -es decir, Amarga. Entonces el pueblo se puso a murmurar contra Moisés: ¿qué vamos a beber?".

¿Y qué vamos a comer? "Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada". Los campos preparados, la mies a punto… "Rogad, pues al Dueño de la mies, que mande obreros a su mies". Es fácil situarnos ante los campos de cereal mediterráneos. Aquellos campos de trigo, centeno o cebada, salpicados por los segadores y las segadoras: robustez a prueba de sol, canción bajo el bochorno, trinos de pájaros y cigarras,… comunión de vida y trabajo. "Déjame ir al campo a espigar detrás de aquel a cuyos ojos halle gracia". Las espigas perdidas…


La espiga está hecha para ser molida o para desgranarse en mil granos que caen en tierra, se pudren y florecen en nuevos frutos. Es potencial de vida. ¿Te has sentido "espiga" alguna vez? ¿Quién te recogió de la tierra donde yacías? ¿Te dejas moler, o enterrar en la tierra en un aparente olvido, o te resistes? Inés y Paula también llegaron al campo abarrotado de espigas: abrieron la escuela, las niñas la invadieron… Pon nombre a espigas recogidas por ti, busca sus rostros, mírate multiplicada en tantas familias. No importa si permaneces en el anonimato. Sigue dando la vida, ahora en una oración sencilla por los que han recibido algo de tu trigo, o de tu cebada, de aquello que has dado gratis porque gratis lo habías recibido.

Decíamos al principio que estábamos invitadas en un corro de mujeres: María, Rut, Inés, Paula, Noemí,… Cada día había que moler el trigo y cocer el pan… Permanece con ellas, escucha sus diálogos, pregunta, silénciate, confía,… siéntete en esa gran corriente de vida que la mujer engendra, y cultiva, y calienta, y acompaña… hazte ternura y compromiso. Siéntate a la mesa con tantas mujeres que empujan la historia, come el pan amasado con tanto sudor, únete a la esperanza de un mundo nuevo de hijos que vendrán. Ellos, que comerán el pan de la justicia y de la paz, del amor y la libertad, en la mesa redonda y grande, fraterna. ¿Por qué no situarte ante la Eucaristía en el que el mismo Jesús se parte y se reparte?

¿Y qué sucede si al Dueño de la mies no le llegan los obreros? ¿Qué hacer cuando parece que ha caído en el silencio y aparenta no importarle la mies? ¿Cómo hacer cuando la mies es tanta? Hazte más mujer, más fe, más esperanza, más amor. Déjate, como la espiga, moler y enterrarte. El campo está en buenas manos. Confía.


"NO VAYAS A ESPIGAR A OTRO CAMPO NI TE ALEJES DE AQUÍ"

Todo El capítulo dos es un proceso de sucesos providenciales que llevan a Rut a su redentor. "Quiso su suerte que fuera a dar a una parcela de Booz, el de la familia de Elimélek". "¿De quién es esa muchacha?". "Es la joven moabita que vino con Noemí. Ha venido y ha permanecido en pie desde la mañana hasta ahora". "Quédate
junto a mis criados. Si tienes sed vete a las vasijas y bebe de lo que saquen del pozo."
… Rut, la decidida, la trabajadora, la fiel, la que permanece en pie, "cayó sobre su rostro y se postró en tierra". Y una pregunta ¿Cómo he hallado gracia a tus ojos para que te fijes en mí que no soy más que una extranjera? Y resuenan (o parece que se ensayan) otros "CÓMOs" ¿Cómo puede ser esto? ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Proclama mi alma la grandeza del Señor porque ha mirado la humillación de su esclava. AQUÍ ESTA LA ESCLAVA DEL SEÑOR. Y tú, que estás en el corro, expresa tus interrogantes, admira, mírate en los ojos de estas mujeres, y arrójate… AQUÍ ESTA OTRA SIERVA. Hazte ESCLAVA (la que tiene grabado en su carne, a sangre y fuego, la marca de su Señor, la que está disponible para que su Señor haga de ella LO QUE QUIERA).

"Que tu recompensa sea colmada de parte de Yahveh, bajo cuyas alas has venido a refugiarte". Y Rut, rostro en tierra, recuerda aquello que le contaba su marido en Moab: "Como el águila incita a su nidada y revolotea sobre sus polluelos, así desplegó El sus alas y los tomó llevándolos sobre sus plumas. Sólo el Señor los condujo, no hubo dioses extraños con El". Y ella se siente ahora guiada y protegida por esas alas que refrescan su vida con la suave brisa de su ternura llenándola de gozo. Casi sin saberlo, se acogió a la sombra de esas alas, se escondió en ellas y ahora canta con júbilo en medio de su pueblo. Será María la que oirá decir a su Hijo "Jerusalén, Jerusalén, ¡cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas, y no habéis querido!" Al llegar a casa Rut se lo contó a Noemí y ésta, ya mayor, vio sus fuerzas renovadas, algo así como si le salieran alas de águila para correr y no fatigarse, para seguir caminando sin cansarse… Recoge bajo las alas de Dios Madre-Padre a tantos niños y jóvenes, a tantas familias que conoces, a tantas personas que necesitan la ternura y la fortaleza para seguir vivos.


"YO TE RESCATARÉ"

A medida que transcurren los acontecimientos, se dibuja la figura del redentor. Es como si fuera emergiendo del texto mismo. Algo así como si ante el gran horizonte del relato apareciera, allá a lo lejos, la persona de Booz. Se va acercando de modo casi imperceptible hasta colocarse en un primer plano. ¡Es EL! Por la ley del levirato Booz ha de casarse con la pariente viuda (aunque hay un pariente más cercano).

El Redentor… Nos llega el eco de Dios cuando su Pueblo estaba bajo la opresión egipcia: "Yo soy el Señor y os arrancaré de la opresión de los egipcios; os libraré de su esclavitud, rescatándoos con gran poder". La Historia de Salvación es una cadena de rescates hasta llegar a Jesucristo, único mediador entre Dios y los hombres que se entregó a sí mismo para rescatar a todos.

Casi palpamos en el texto la profundidad de esta redención, esa que va creando libertad en Rut al sentirse vista, acogida, valorada, querida,… ella, la extranjera. "Me has consolado y has dado paz a mi corazón". "Ven, come con nosotros y moja tu bocado en la vinagreta. Ella se sentó y Booz le ofreció trigo tostado". En el horizonte existencial de Rut aparece la salvación definitiva. El alimento de la cebada es mucho, pero lo es, sobre todo, la plenitud que va regalando el amor. A manos llenas. En gratuidad total. La del Redentor.

"CÚBREME CON TU MANTO"

El manto… es una prenda de vestir muy común en los hebreos. Molestaba para el trabajo, por tanto no era propia de esclavos. Una prenda de vestir imprescindible para el día de fiesta. Es interesante recorrer los parajes bíblicos donde aparece el manto, como siempre, preparadas para recibir mensajes llenos de sorpresa. Nos detenemos en algunos.
Envuelto en un manto de luz, Dios despliega los cielos como una tienda. La orla del manto del Señor llenaba el templo. El manto era signo de consagración en los sacerdotes. Elías se quitó el manto, golpeó con él las aguas y éstas se dividieron. Eliseo recogió el manto de Elías cuando éste fue arrebatado en un carro de fuego. Si buscas lo que es justo, lo encontrarás y será para ti como un manto de gloria. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de la puesta del sol.

Es hermoso el gesto de los que quitaban sus mantos y los echaban por el camino alfombrando el suelo por donde había de pasar el Señor en su entrada triunfante en Jerusalén. Porque Judá lava en vino sus vestidos, en sangre de uvas su manto. Lo dirá el Apocalipsis: va envuelto en un manto empapado en sangre y su nombre es Palabra de Dios. Ahora estamos hablando del manto del Señor: "Le suplicaban que les dejara tocar siquiera la orla de su manto; y todos los que la tocaban quedaban sanos". Ese manto es el que Jesús se quita en la última cena para lavar los pies de los apóstoles, como El Siervo. Y es bien distinto de aquel otro que le puso Herodes para despreciarlo, de color llamativo, y devolverlo así a Pilato. O el manto de púrpura con el que Pilato lo mostró al pueblo, tan a juego con la corona de espinas…

Estábamos con Rut. Las anotaciones anteriores las hacían Noemí y María. Paula e Inés escuchan en silencio. Rut. La trama es de su suegra: "Arréglate ponte los mejores vestidos y vete a la era. No dejes que te vea. Cuando se haya acostado, fíjate bien donde duerme, luego vas, destapas sus pies y te acuestas"."Soy Rut, -contestará cuando sea interrogada. Cúbreme con tu manto porque tienes derecho de rescate".

Casi diríamos que la iniciativa ante el rescate es de Rut. Pero ha sido Booz quien la ha elegido desde el principio y la ha guiado hasta aquí porque es Dios quien elige e inicia el camino, y se esconde bajo nuestros anhelos y deseos más profundos cuando le buscamos a Él.

Cúbreme con tu manto. Resuena aquí el texto aquel del capítulo 16 de Ezequiel: "Yo pasé junto a ti y te vi. Extendí mi manto sobre ti y cubrí tu desnudez. Me uní a ti con juramento, hice alianza contigo y fuiste mía".

El manto y la noche. Elección e intimidad. Escucharemos luego a Paula, nos guía ahora, en la noche San Juan de la Cruz:

"… en la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del medio día
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía".

"Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su esposa.

Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio.
Ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio".

Y Paula: "Mira, Amor mío, yo me voy a descansar; en el Sagrario te dejo mi corazón: que te ame sin cesar… y cuando yo vuelva mañana por él, que me lo entregues hecho un ascua de amor… y que este amor sea sólo para ti y para tu Madre y mi Madre, la Virgen Santísima… Cuando mi corazón esté dispuesto de esta suerte, entonces envíame cruces y penas, que todo lo sufriré con alegría… Mas, si un instante de mi vida he de dejar de amarte, ¡oh!, entonces quédatelo; no me lo devuelvas, pues no lo necesito más que para emplearlo en tu amor".

Es un nuevo desposorio. Y el recorrido ha sido largo. Este relato de Rut, no se detiene en su primer amor que murió allí en Moab, en tierra de otros dioses. Por eso nos resulta tan aleccionador a las escolapias. Muchas de nosotras hemos recorrido ya un buen trecho de nuestro éxodo personal. Cada una guardamos en la intimidad de nuestro corazón tanta vida: gracia y pecado, heridas y fracasos, errores y aciertos, certezas y gozo, plenitud de vida.. Por pura gracia, como Rut, nos mantenemos en pie. Y de nuestra antepasada en la fe recibimos la invitación a nuevo desposorio. Tal vez tiene poco de utopía, como aquel primero. Este es más realista. El manto puede ser de luz y de gloria, o de púrpura como el del Ecce Homo. La noche puede ser tan densa que se hace plena luz, o puede ser muy oscura. Pero desposorio. Entrega total. HAGASE.

El desposorio comienza en el corazón que se va preparando a lo largo de los años, Dios sabe cómo. No, no se completa el día de la profesión. El verdadero desposorio es el de la cruz, el realismo que dan los acontecimientos de la vida en una respuesta permanente, a veces incomprensible, desde la fe. Es necesario tocar el manto del Señor muchas veces para ser curada y bendecida como la hemorroisa, porque la vida se nos escapa y la perdemos. Y al perderla nuestro Redentor, el que nos va rescatando, la gana para El.


No podemos dejar la vida sin rescate. No podemos privarnos de la plenitud que regala el Redentor cuando va emergiendo en nuestra vida de seguidoras. Como Rut, hay que acostarse a sus pies con las mejores galas, y dejar que nuestra vida cambie. Permitir que el proceso de conversión vaya ampliando el vacío de nuestro ser para que El lo llene del todo con su presencia. Es dejar que el Redentor nos cubra cada vez más con su manto y nos haga suyas, te haga suya. Convertirte al modo de pensar y sentir de Dios, desarrollar la capacidad de amar para proclamar el hacer de Dios, y su salvación a tiempo y a destiempo. El pensar de Dios y tu participación en el Misterio del Redentor te hará colocarte, como redentora también, de parte de los que no cuentan, de los "extranjeros", de los sin voz, y hacer tuya la causa de Jesucristo.

¡Cuánto sabe de desposorio Paula Montal! Celebramos en estas fechas la salida de Paula e Inés de Arenys a Figueras… No pasarían muchos años para que sus novicias recibieran su gran mensaje: "La humildad y la obediencia nos conducirán a la patria celestial, donde tendremos la dicha de ver a nuestro amado Esposo de nuestras almas". "Mi Amado para mi y yo para mi Amado". O aquello de "Estos son los regalitos de mi Amado Esposo; ayúdeme a darle las gracias".

Regalitos. ¿Cómo vas, cómo vamos recibiendo esos "regalitos" en la vida? ¿Te abren a una intimidad nueva con el Amado? Los acontecimientos que se van sucediendo en la vida ¿nos rescatan? ¿Permanecemos en pie como Rut, o como María que lo hizo al pie de la Cruz? ¿Bajo qué mato estás? ¿El llamativo, de púrpura, de humillación o el de la gloria? ¿Aceptamos este manto con el que nos quiere cubrir esta sociedad laicista para llevarnos al margen, al olvido? ¿Vives la certeza de que el Redentor emerge en tu vida y se va haciendo con ella? ¿Vives en intimidad con El bajo el manto y en la noche? ¿Marca muy alto el termómetro de hacer tuya su causa, la causa de los más pobres?

Rescate para el desposorio. Desposorio que crea plenitud. Quítate el manto que llevas y extiéndelo. Ella lo extendió, y él le echó seis medidas de cebada".


EL HIJO

"Se quitó la sandalia y se la dio. Y entonces Booz dijo a los concejales y a la gente: Os tomo hoy por testigos de que adquiero todas las posesiones de Elimélec, Kilión y Majlón de manos de Noemí, y de que adquiero como esposa a Rut, la moabita. Booz se casó con Rut; se unió con ella, y el Señor hizo que concibiera y tuviera un hijo. Y le llamaron Obed. Fue el padre de Jesé, padre de David. Rut (¡mujer! y ¡extranjera!) entra en la genealogía de Jesús para ser la bisabuela del rey David.

Estábamos con Rut, pero también con María. De ella nació Jesús, llamado Mesías. Rut y María. Obed y Jesús. Una misma genealogía los une en orden a la salvación de la Humanidad.

El Hijo. El desposorio que desemboca en la fecundidad. El Hijo, la Palabra que estaba junto a Dios y que se encarnó en las entrañas de María. Se hace necesario atravesar la vida desde las entrañas. Las que crea el amor, llenar de ternura, de acogida, de perdón,… Entrañas generadoras de paz y reconciliación.

Nuestro grupo de mujeres oyen el susurro que llega desde la encina de Mambré donde Sara, vieja y sin esperanza de hijos, amasa 21 litros de flor de harina, mientras escucha la promesa de ser madre. El pan grande amasado en el vacío de su vientre y contagiada de la gran esperanza de Abraham, es testigo de la promesa… Un hijo. El que pondrá a prueba la fe de Abraham, y otro Hijo que ya se vislumbra hecho PAN GRANDE DE EUCARISTÍA.

La misión de toda escolapia es evangelizar la cultura, entregarla a la mujer para que ésta tenga hijos de paz. Para que la familia sea la iglesia doméstica donde nacen y crecen los hijos de Dios, los hijos que nacen para ser hermanos. Para que haya hijo es necesario el desposorio, la intimidad, el manto y la noche… Como la de Paula,

nuestra vida tiene que ser fecunda. Nos anima contemplar a nuestra Fundadora que fue fértil desde lo sencillo, como Rut y como María. La tarea de cada día, la santidad que hace grande lo más pequeño. El gesto y la palabra sencilla que en el Redentor se hace grande y recorre el universo, la gran familia de los hermanos. Salir de la rutina a la conciencia humilde de la responsabilidad en la tarea del Reino, del mundo.

Un éxodo. La vida hecha fidelidad. Las espigas. El Redentor. El manto. La noche. EL HIJO. Un viaje de Moab a Belén. O de Arenys a Figueras. Una respuesta en nuestras hermanas en la fe que nos invitan a nuevos pasos de seguimiento personal y comunitario. No lo hacemos solas. San Ambrosio dijo de las nupcias de Rut y Booz que prefiguraban la unión entre la Iglesia y Cristo. Rut, figura de la Iglesia. En la Iglesia estamos. Animadas por el Espíritu del Hijo, del Redentor, recorremos tiempos nuevos. Hagámoslo con fidelidad, permaneciendo en pie.
Las mujeres dijeron a Noemí: Bendito sea Dios que te ha dado quien responda de ti. El niño te será un descanso y una ayuda en tu vejez pues te lo ha dado tu nuera, la que tanto te quiere, que te vale más que siete hijos. Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo".

Llegadas al final del relato, podemos centrarnos en el corazón y constatar que ha vivido un largo proceso de aprendizaje. El de Rut, el de Paula, el de María… "Esa historia es mi historia", decíamos. Abre tu corazón a la fe, a la esperanza y al amor para que se parezca al de nuestras hermanas en la fe. Que sea

un corazón despojado de todo poder, elegido entre las pobres, que permanece en la pobreza como en su misma tierra,

un corazón conquistado por el Redentor que se ha convertido en Esposo, vacío de sí mismo y plenificado en el amor,

un corazón obediente a cada insinuación de su Señor, deseos de Señor insinuados tantas veces a través de mediaciones;

un corazón entregado a la niñez y juventud, para educar en la libertad y en el amor, para salvar la familia.

 

Sólo si el tuyo
está en ese proceso,
puede unirse
a las voces de estas mujeres,
y a las de toda la tierra,
para acompañar a María
en el canto del Magnificat.