Retiro de Cuaresma
Año 2009

LA
FUERZA DE LA DEBILIDAD, contemplar a Cristo crucificado:
Experiencia vital de nuestra vida escolapia
En este tiempo de Cuaresma que ahora iniciamos nos vamos a predisponer internamente
a profundizar en la dimensión de la cruz en nuestra vida. Nuestras
Constituciones nos invitan a contemplar con frecuencia a Cristo crucificado
a modelo de San Pablo.
C. 38. La oración personal a la que dedicamos, al menos, una hora diaria, es esencial en nuestra vida. Cristo crucificado y sus misterios a ejemplo de San Pablo, serán el objeto constante de nuestra contemplación, imitación y frecuente recuerdo durante el día.
Este tema es exactamente el que nos proponemos como reflexión de fondo
para nuestro retiro de Cuaresma; profundizar en la imagen de Cristo crucificado,
y ahondar en lo que significa esto en nuestra vida. La cruz ha sido desde
siempre la señal del cristiano, es signo de que alguien, Cristo no
amó y se entregó en sacrificio por nosotros.(Ef.5, 2), y el
Señor transformó este símbolo en la donación total
de amor.
C. 14. El Señor Jesús, en libre respuesta al proyecto del Padre para la salvación del mundo, por amor a los hombres se anonadó y tomó la condición de Siervo, obedeciendo hasta la muerte de Cruz, por lo cual Dios lo exaltó y le dio un nombre sobre todo nombre; y así constituido como Camino, Verdad y Vida, nos regaló la libertad de los Hijos de Dios.
El signo de la cruz no es sólo de Cristo, sino de todos los que le
seguimos y estamos llamados a completarle (Cf. Col 1, 24) y prolongarle. Cuando
estamos decididos a transformar nuestra vida en donación "estamos
crucificados con Cristo en la cruz" ( Gal. 2, 19).
El amor de Dios se derrama en nuestros corazones por la fuerza del Espíritu Santo ( (Rm. 5,5) y es fruto de su donación en la cruz. El amor ha transformado la debilidad en la mayor fuerza de renovación.
Hacer teología de la cruz es compartir la misma vida de Cristo "una vida escondida con Cristo en Dios" (Col 3,3). Pablo al decir que estaba crucificado con Cristo añadía "no soy yo el que vivo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gal 2, 20)
La teología y espiritualidad de la cruz es la comprensión vivencial del misterio pascual de Cristo para anunciarlo, celebrarlo o hacerlo presente y comunicarlo a toda la comunidad cristiana.
C. 26.- Convocadas por la Palabra de Dios a una vida de comunión, cuando participamos en la Eucaristía, que es signo de unidad, actualizamos en nosotras la muerte y resurrección de Cristo, para crecer de continuo en el servicio a los hermanos.
El tema de la cruz es el del dolor y el sufrimiento, pero es importante no regodearse en el dolor porque no sería cristiano, y tampoco huir de él, ni reaccionar con agresividad, ni indiferencia ni inhibición. Hemos sido hechos para vivir gozosamente, por no para sufrir ni morir. Pero el dolor va asociado a nuestra realidad humana.
Si Dios hecho hombre en Jesucristo "asumiendo la cruz" (Jn. 19, 17) ni se nos hace nuestro "camino, verdad y vida (Jn 14, 16). La cruz es el mismo Cristo insertado en nuestra historia, que transforma la realidad en donación. A partir de la cruz de Cristo es posible transformar nuestra cruz en servicio a los hermanos y en "gozo pascual).
C. 18 Nos reconocerán como auténticas discípulas de Cristo, si guardamos su Mandamiento Nuevo, ignorando todo lo que no sea identificarnos con Cristo y éste crucificado. Partícipes del amor con que Cristo dio la vida por sus amigos, nos amamos mutuamente como Él nos amó, entregamos nuestra vida al servicio del Evangelio y así, mientras la muerte actúa en nosotras, la vida crece en los demás.
Quien ha experimentado la cruz está capacitado para descubrir el Resucitado en el sepulcro vacío. La esperanza, el gozo pascual, la liberación de las personas es comprensible desde el misterio pascual.
El sufrimiento transformado en donación, en servicio para evitar el sufrimiento de los hermanos, transforma el universo. Hoy más que nunca se necesitan apóstoles, como el discípulo amado, que tengan claro que la misión tiene su punto de llegada a los pies de la cruz. Mirando con amor al Cristo crucificado se aprende a transformar el dolor en donación y la debilidad en fuerza que renueva la creación y la historia.
"Te basta mi gracia, mi fuerza se manifiesta en tu debilidad" (2 Cor. 12,9)
PARA ORIENTAR LA ORACIÓN:
- Contemplar a Cristo en la cruz dando su vida en cumplimiento de la voluntad del Padre.
- Contemplar a Cristo en la cruz amándote hasta el extremo y exhalando el espíritu sobre ti, sobre las personas de tu comunidad, sobre personas necesitadas, sobre la Escuela Pía y sobre toda la humanidad.
JESUCRISTO, INDEFENSO POR AMOR
El amor es la clave del sufrimiento de Cristo.- Vivió, sufrió y murió por amor- El amor del Padre se expresa en el hecho de dar a su Hijo para la salvación del mundo. La fuerza de la cruz, para "atraer todas las cosas" hacia Cristo (Jn. 12, 32), es como el grano de trigo que muere en el surco para producir la espiga.
La actitud de Jesús de no huir del sufrimiento, sino de afrontarlo por amor al Padre y a la humanidad, es el resumen de las bienaventuranzas.La realidad inmolativa y amorosa de Cristo se hace presente en el sacrificio eucarístico, como invitación a vivir en sintonía y comunión con él.
Para Cristo la "cruz" es la expresión máxima del amor, el sacrificio total de sí mismo. La explicación de este misterio la puede dar y captar sólo el amor: "Cristo nos amó y se entregó a sí mismo en sacrificio por nosotros" (Ef. 5,2). "La cruz de Cristo es a medida de Dios, porque nace del amor y se completa en el amor".
Pablo presenta a Cristo como esposo e invita a compartir su misma suerte. Cristo ha amado esponsalmente a la Iglesia. El amor de Cristo a cada persona, especialmente en los momentos de sufrimiento es una amor esponsal. Y este amor esponsal de Cristo es amor redentor: llega hasta las raíces del pecado de las que procede todo mal. El camino de Cristo hacia la cruz es un camino esponsal, y va decidido a dar su vida por toda la humanidad, su esposa.
PARA ORIENTAR LA ORACIÓN:
- ¿He profundizado en la dimensión esponsal de mi vida? ¿Esta dimensión esponsal la vivo también en el camino de Cristo hacia la cruz?.
- Pedir a Jesús el don de vivir todos los acontecimientos de la vida, y sobre todo el camino de la cruz desde esta dimensión de amor.
LA CRUZ DEL MISTERIO PASCUAL
El misterio pascual de Cristo es un paso por la cruz hasta la Resurrección, y la glorificación. Es el signo de la esperanza cristiana y se transforma en amor. El gozo pascual de la esperanza da sentido al sufrimiento como participación en las bodas de Cristo con la Iglesia.
La vida cristiana es siempre sintonía con los sentimientos de Cristo (cfr. Flp. 2,5), por eso la cruz vivida en Cristo se convierte en confianza y decisión inquebrantables. La fecundidad de la vida es el proceso de sufrir amando (cf. Jn 16, 20-22; Gal. 4, 19). El gozo pascual en el que se fundamenta el máximo testimonio del amor, sólo se experimenta a partir de la cruz.
La alegría pascual nace del corazón cuando se han sabido transformar las dificultades en donación. La cruz de Cristo no tiene sentido si no es a la luz del gozo pascual del Salvador. "La característica de toda vida misionera auténtica es el gozo interior que proviene de la fe" (RMi 91).
C. 78. Siguiendo este género de vida y dispuestas siempre al servicio del Reino, nuestra obediencia encarna ante el mundo, el misterio de la Cruz y de la resurrección. Y tomando como ejemplo a la Virgen María, la esclava del Señor; maravilloso modelo de fidelidad cumplimos el proyecto del Padre con espíritu pronto y alegre.
Cristo resucitado: el amor vence a la muerte:
Lo que no nace del amor es caduco. Sólo el amor supera la caducidad del tiempo: "el amor nunca pasa" (1 Cor. 13, 8); "el amor es más fuerte que la muerte" (Cant. 8,6). La victoria de Cristo sobre el dolor, el pecado y la muerte se muestra en todo su esplendor cuando, apareciendo a sus discípulos, les muestra las llagas y el costado abierto (Jn. 20,20). La paz, el perdón y la vida nueva en el Espíritu son fruto de su cruz: "la paz sea con vosotros" y les mostró las manos y el costado y dijo: "recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonarais los pecados, les serán perdonados" (Jn. 20, 19-23).
La presencia de Cristo resucitado entre nosotros es siempre bajo huellas y signos pobres, que debido a su fragilidad, continúan siendo nuestra "cruz"; el sepulcro vacío con la ausencia inexplicable de su cuerpo, la soledad, la búsqueda aparentemente infructuosa, la ineficacia inmediata de los trabajos.
La fecundidad del amor se expresa en la cruz y en la resurrección. "Cristo resucitado con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: Abba, ¡Padre!. El triunfo de Jesús resucitado se convierte en un examen de amor para los suyos. El caminar eclesial es caminar de hermanos.
COMPLETAR A CRISTO, COMPARTIR SU MISMA SUERTE
A Pablo le tocó en suerte compartir esta vida de Cristo para anunciarla a todos los pueblos: "Estoy crucificado con Cristo" (Gal 2, 19) y "Jamás presumo de algo que no sea la cruz de Cristo… ya tengo bastante con llevar en mi cuerpo las llagas de Jesús" (Gal 6, 17)
Si se mira la cruz sólo como sufrimiento, no puede menos de espantarnos. Cristo esposo nos invita a compartir su misma suerte. La comunidad eclesial está invitada a conocerse como esposa de Cristo. Toda la pastoral de Pablo tiene como trasfondo el sentido esponsal de Cristo Esposo.
Sin la
mirada amorosa de Cristo (que llama a una actitud esponsal), no se comprendería
la doctrina evangélica sobre la cruz: "Si alguno quiere seguirme,
que renuncia a sí mismo, que tome su cruz y que me siga" (Mc.
8, 34): "el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí"
(Mt. 10, 38).
"Estar con Él" es el secreto de toda oración cristiana,
sobre todo de vida apostólica "estuvieron con Él"
(Jn 1, 39); "llamó a los que quiso para estar con Él"
(Mc. 3, 13-14).
Compartir la suerte de Cristo incluye la cruz y la resurrección.
Hay que
decidirse a seguir esponsalmente a Cristo. No se trata de contabilizar el
sufrimiento ni de hacer de él una tragedia. Basta con olvidarse de
sí mismo, para vivir "una vida escondida con Cristo en Dios"
(Col. 3, 3). La cruz se vive con la sonrisa en los labios, sirviendo a todos,
fijándose en las circunstancias de los demás.
Esta asociación esponsal con Cristo crucificado es un don suyo.
Tener los sentimientos de Cristo
Son donación
esponsal a toda la humanidad y a cada ser humano.
El gozo pascual nace en el corazón cuando, gracias a la presencia de
Cristo, las dificultades se transforman en donación.
Al experimentar la propia debilidad en el sufrimiento, hay que descubrir a Cristo presente. Tener los sentimientos de Cristo, incluye vivir de los amores de su corazón. El deseo de compartir la cruz de Cristo nace del deseo de compartir sus amores. La sintonía con los "sentimentos" de Cristo comporta orientar hacia él toda la interioridad: convicciones, motivaciones, decisiones. Es un proceso de purificación e iluminación, que unifica el corazón con Cristo crucificado: "los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencia" (Gal. 5, 24).
Precisamente por sintonizar con los sentimientos de Cristo, el amor a la cruz nos hace participar en el "abandono" doloroso y en el gozo indecible de su carga total al Padre en el amor del Espíritu.
En el corazón de Cristo encontramos solución también para nuestra cobardía ante el misterio de la cruz. Nuestra cruz se hace más dolorosa cuando no hemos perseverado con fe, esperanza y amor. Cada sufrimiento regenerado con la fuerza de esta cruz, se convierte desde la debilidad del hombre, en fuerza de Dios,
Completar a Cristo
Compartir la misma vida de Cristo y vivir en sintonía con sus sentimientos, es una realidad cristiana que transforma al creyente en complemento o prolongación de Cristo en el tiempo.
C.20. cuando impulsadas por el amor, nos entregamos al trabajo apostólico y aceptamos con gozo las incomodidades de la vida diaria y de la escuela, completamos en nuestra carne, por amor a la Iglesia, lo que falta a la pasión de Cristo y practicamos la penitencia; compartiendo sus sufrimientos compartiremos también su gloria.
Poder completar a Cristo significaba, para Pablo, una vida hecho instrumento
de gracia, precisamente por participar en la cruz de Cristo. Sus sufrimientos
apostólicos eran fecundos, porque eran una prolongación de los
de Cristo: "Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y suplo
en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por el bien de su cuerpo
que es la Iglesia" (Col. 1, 24).
La cruz es la "gloria" del apóstol (Gal , 14), como "cooperador de Cristo" (1 Cor. 3, 9). A partir de esta experiencia personal, el apóstol sabrá guiar a la iglesia esposa por este camino de desposorio con Cristo crucificado: "alegraos porque compartís los mismos padecimientos de Cristo, para que también en la manifestación de su gloria os regocijéis alborozados" (1 Pe. 4, 13).
PAUTAS PARA LA ORACIÓN:
- Pedirle a Jesús el don y la gracia de vivir los padecimientos no buscados, y normales de cada día desde este don de alegría, y de bienaventuranza por completar en la vida lo que falta a la pasión de Cristo.
- Pedirle a Jesús el don de ahondar en Él, como esposo crucificado y resucitado.