Retiro de Adviento
Año 2008
El planteamiento del retiro es situarnos ante el Dios que viene. Aquí y ahora Dios viene, pronuncia su palabra. Apertura a su presencia siempre nueva, y puesta a punto de nuestra fidelidad, siempre débil y necesitada siempre de su misericordia.
La dinámica que se ofrece es la de la Lectio Divina. Los pasos a dar son de sobra sabidos. Nos ayudaremos de los comentarios de A. SANCHEZ ORANTOS ofrecidos en los Ejercicios Espirituales, en el folleto “Orar con la Palabra”.
En nuestros tiempos de cada día, nos cuesta encontrar la amplitud suficiente para situarnos sosegadamente, sin prisas, ante la Palabra. Una jornada de retiro espiritual nos ofrece las condiciones óptimas para que este encuentro se pueda dar.
PREPARACIÓN
De alguna forma, la fecha del retiro, desde su puesta en el calendario, es esperada, anhelada. Nuestra vida necesita “ponerse en orden”, “tenderse al sol” hacia la gracia que se desborda a raudales, la caldee, la modele con el amor, con el calor y la caricia de Dios. Por eso su Palabra es esperada. Ya durante las vísperas, parece que va creciendo una disposición. El corazón se va limpiando y silenciando. Crece la actitud de humildad.
Hacer esto de forma inmediata a la escucha de la Palabra es fundamental. Descansar, silenciar tantos ruidos que nos aturden. Quedarse en soledad ante Dios.
Es tomar todo el tiempo necesario. Buscar el espacio que más ayuda, el de mayor silencio y soledad. Sentir la calma y la quietud, no tener prisa. Liberar la mente y el corazón de todo lo que molesta y distrae. Que la única preocupación se centre en la escucha de la Palabra. Entra en una misma, cerrar otras puertas, caminar hacia lo secreto, hacia la propia intimidad. Pedir fuerza y luz. Sólo el Espíritu de Jesús hará posible el encuentro. Recordar que ni el nombre de Jesús podemos pronunciar sin su ayuda. Dejarse invadir por Él. Seguro que este encuentro llevará al torrente de Agua Viva que regará y fecundará el hacer de cada día.
“Si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap. 3,20)
“Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura”
LECTURA
“Al principio ya existía la Palabra, la Palabra se dirigía a Dios y la Palabra era Dios. Mediante ella se hizo todo; sin ella no se hizo nada de lo hecho. Ella contenía vida, y esa vida era la luz del hombre”. Podemos recordar ante esta Palabra, las palabras del Papa en la apertura del Sínodo: “Para siempre Yahvé, tu Palabra firme está en los cielos, tú fijaste la tierra, ella persiste (salmo 118). Tenemos que cambiar nuestra idea de que la materia, las cosas sólidas que se pueden tocar serían la realidad más sólida, la más segura. Aparentemente éstas son las verdaderas realidades… Quien construye la vida sobre estas realidades, construye sobre arena. Sólo la Palabra de Dios es fundamento de toda realidad estable como el cielo y más que el cielo, es la realidad. Por lo tanto tenemos que cambiar nuestro concepto de realismo”. Cambiar nuestro concepto de realismo… Hagamos una relectura de Juan: En el principio de todo está la Palabra. La Palabra se dirige a Dios y la Palabra es Dios. Mediante ella se hace todo; sin ella no se hace nada de lo hecho. Ella contiene vida y esa vida es la luz del hombre.
Es la Palabra que emana del texto escrito. Y es la Palabra que emana de la realidad misma, de cada situación de cada persona,… Para nosotras escolapias de la mirada de los niños, del corazón inestable de nuestros adolescentes, de la inquietud de nuestros jóvenes.
Creer en la Palabra. “El cielo y la tierra pasarán, pero ella no pasará”. “Aprender a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios”. Leer bien, sin prisas. Dar tiempo a que las palabras calen en el ser más profundo. Dejar que el corazón se impresione. Repetir lo que se va leyendo, subrayar palabras repetidas, observar detalles, acariciar con la vista cada palabra. Incluso recurrir a escribir el texto si aún cuesta concentrarse.
Buscar el mensaje global, también el de los detalles: palabras, personajes, diálogos, encuentros,… ¿Qué dice el texto? ¿Quiénes son los protagonistas? ¿Qué hacen? ¿A quién habla? ¿Qué es lo más fundamental? Como actitud básica está el amor. Se concentra la mente porque hay amor. Es no querer que se pierda ni una sola de sus palabras, las del Amado.
“Vosotros que recorréis los jardines de las Escrituras no tenéis que recorrerlos de prisa o con negligencia. Cavad cada palabra para extraer de ella el Espíritu”.
Te propongo dos textos:
Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño
brotará de sus raíces.
Reposará sobre él el espíritu de Yahvé:
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia y temor de Yahvé.
Y le inspirará en el temor de Yahvé.
No juzgará por las apariencias,
ni sentenciará de oídas.
Juzgará con justicia a los débiles,
y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra.
Herirá al hombre cruel con la vara de su boca,
con el soplo de sus labios matará al malvado.
Justicia será el ceñidor de su cintura,
verdad el cinturón de sus flancos.
Serán vecinos el lobo y el cordero,
y el leopardo se echará con el cabrito,
el novillo y el cachorro pacerán juntos,
y un niño pequeño los conducirá.
La vaca y la osa pacerán,
juntas acostarán sus crías,
el león, como los bueyes, comerá paja.
Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid,
y en la hura de la víbora
el recién destetado meterá la mano.
Nadie hará daño, nadie hará mal
en todo mi santo Monte,
porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh,
como cubren las aguas el mar.
Is. 11, 1-9
En el año quince del imperio de Tiberio César, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
enderezad sus sendas;
todo barranco será rellenado,
todo monte y colina será rebajado,
lo tortuoso se hará recto
y las asperezas serán caminos llanos.
Y todos verán la salvación de Dios.
La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?» Y él les respondía: «El que
tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para
comer, que haga lo mismo.» Vinieron también publicanos a bautizarse, y le
dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No exijáis más de lo que
os está fijado.» Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos
hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas,
y contentaos con vuestra soldada.» Como el pueblo estaba a la espera, andaban
todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió
Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más
fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os
bautizará en Espíritu Santo y fuego».
Cf. Lc. 3, 1-18
MEDITACIÓN
Lo dicho y narrado por la Palabra tiene ahora, que ser leído con el corazón. ¿Qué me dice y quién me lo dice? María es la presencia que ayuda, Ella que “guardaba todas estas cosas en su corazón”. Es el trabajo paciente de confrontar la Palabra con los acontecimientos de vida, en clima de amor, gratitud, asombro, con la intención de descubrir, en lo cotidiano de la vida, la voluntad de Dios.
Puede ayudar la siguiente reflexión:
Estamos en tiempo de Adviento. Digamos que cada día es adviento. Dios viene siempre. Aquí, ahora, Dios viene. Nos sentimos inmersas en esa gran Historia de Salvación que se inició allí, cuando la Palabra creaba y comenzó a llamar a la existencia a lo que no existía. Esa Historia no ha terminado. Estamos dentro de ese proceso que se orienta hacia lo definitivo, hacia el día aquel en que Dios lo será todo en todos. Que hoy existamos aquí, en este momento y lugar concreto, tiene sentido, no es producto del azar. Tu existencia aquí y ahora está dictada, sostenida, amparada por la providencia amorosa de Dios. Y su misericordia llena la tierra, te cubre, te abraza, te reconcilia.

Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño brotará de sus raíces. Aunque te sientas tronco viejo, vida gastada y sin esperanza, Dios te promete renacer en un nuevo vástago. Será el que Él quiera, no en el que tú elijas. Digamos que las escolapias, sobre todo cuando nos sentimos árbol viejo, podemos contemplar los vástagos nuevos, tiernos, en nuestras clases, en el corretear por nuestros patios,… en ellos somos, al menos, semilla sembrada en la mayor gratuidad. Más… ¿No lo veis en la sabiduría, en el consejo y la fortaleza de nuestros mayores? ¿No desveláis su presencia en la inteligencia, en la ciencia, en el trabajo paciente de los educadores? ¿No lo palpáis en el temor del Señor de nuestros santos y santas, las que hacen camino a nuestro lado? Hay mucho de sabiduría e inteligencia, consejo y fortaleza, de ciencia y temor del Señor. Si nos cuesta verlo tendremos que limpiar el corazón, y, en último caso, poner temor del Señor, ciencia, fortaleza, consejo, inteligencia y sabiduría, donde no existan. Y como son frutos del Espíritu, pedirlos insistentemente como el mejor de los regalos.
Y atrevernos a soñar. Sí, con los pies en el suelo y el corazón más allá, en la Palabra, que promete que “serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte. Es bueno poner atención a lo nuevo que germina en pequeños gestos y va haciendo posible esta realidad, a veces pasando por sufrimientos desgarradores. En este proceso de Historia de Salvación el sufrimiento tiene una palabra salvadora. Lo sabemos bien. Y si necesitamos recordarlo basta con mirar “al que transpasaron”.
“La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?» Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo.» Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.» Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.»”. ¡Qué concreto es Juan Bautista!. No se puede soñar sin intentarlo. Por eso el adviento invita a conversión. A salir de viejos esquemas porque Isaías, y Juan Bautista, y María, nos invitan a nuevo paso. Lo antiguo ha pasado, comienza lo nuevo. ¿Qué novedad de vida se está gestando en ti? Concreta y vive. Abre todo lo que eres a la acción del Espíritu de Jesús, y déjate transformar por Él. Tal vez con sufrimiento, pero Él lo hará salvador. Entrégale tu tronco viejo, ¡seguro que Él hace brotar ahí mismo un vástago nuevo!.
Pronuncia lentamente:” viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El me bautizará en Espíritu Santo y fuego”.
ORACIÓN
La esencia de la oración es la acción de Dios, que trabaja en nosotros y eleva todo nuestro ser hacia Él. Orar… silencio interior, silencio de ideas, de afectos propios. Silencio del propio yo. Es Dios ahora el protagonista. Atención, vigilancia para descubrir lo que Él pone en nuestro corazón. La atención, la vigilancia, no es un esfuerzo, no es crispación, es silencio. Atención en Dios: “Yo sólo con Dios sólo”.
A veces, en uno de estos momentos, una ráfaga de luz atraviesa nuestras tinieblas, y es como si una voz nos liberase: “Tú eres aceptado. Tú eres aceptado por alguien más grande que tú y cuyo nombre no conoces. No preguntes ahora cuál es ese nombre; tal vez lo descubras más tarde. No trates de hacer nada; tal vez lo hagas mucho más adelante. Acepta simplemente el hecho de que eres aceptado” (P. Tillich).
CONTEMPLACIÓN
“Doblo mis rodillas ante el Padre para ser capaz de comprender en compañía de todos los creyentes cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, un amor que supera todo conocimiento y que nos llena de la plenitud misma de Dios” (Ef. 3,14-18).
Estamos en el punto más alto, en la “cima de la montaña”. O quizá en lo más profundo y hondo de la existencia. La mirada contemplativa penetra y traspasa la superficie de las cosas y de la historia. Descubre su sentido profundo y último. Delante de Dios, en un instante, perder la noción del tiempo. Percibir la unidad entre pasado, presente y futuro (reconciliación). Vislumbrar el proyecto de Dios (llamada personal). Tocar el misterio de Dios (asombro). Descubrir el amor de Dios hecho misericordia (confianza) que inunda de alegría. Caer de rodillas (adoración). Es un don de gracia concedido a la actitud humilde de la espera.
“¿No estaba ardiendo nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?
DISCERNIMIENTO
“Queridísimos, no os fiéis de todo espíritu, examinad los espíritus, a ver si son de Dios”. Dios ha creado a cada ser humano como ser único, irrepetible, original. Cada seguidor vive su vida en distintas circunstancias. En el aquí y ahora de su vida se libra la batalla entre el bien y el mal. Dios respeta la libertad humana. La respuesta a la Palabra de Dios no es automática, mecánica. Es personal y madura y se construye en el discernimiento personal.
“No os acomodéis a este mundo, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto”¿Qué tengo que hacer con mi vida para responder a lo que estoy viviendo en mi oración? ¿Este hacer decidido desde mi libertad me lleva a amar más y mejor en mi vida cotidiana?.
Es volver al trabajo reflexivo, al análisis de la realidad, de mi situación personal, sin prisas, sin crispaciones, sino en proceso largo, camino a recorrer.
ACOMPAÑAMIENTO
“Escuchar la voz de Dios es imposible sin escuchar a los demás, particularmente el grito de los oprimidos, de los marginados, de los pobres despreciados, de los enfermos, de los ancianos,…” (B. Häring). Escucharlos en la oración. Son presencia certera de Dios en la historia. También oír a los niños y jóvenes, rostros concretos. Esconden tanto sufrimiento en tanta familia rota…
Y también a las hermanas más cercanas. Es momento de compartir. Tal vez necesites escucharlas para discernir, para llegar a tu decisión. Sin duda te mostrarán el camino para amar más y mejor.
“Sé realmente que a menudo muchas de las cosas de la Escritura que yo sólo no lograba comprender las he comprendido cuando me he encontrado con mis hermanos… Considero como un regalo todo lo que él puede comprender y sentir mejor que yo… y está en la potestad de la verdad el que ella se manifieste por medio de mí a otros o que por medio de otros llegue a mí… unas veces toca a uno, para que escuche con provecho lo que ha hecho resonar por medio de otro; y otras veces toca a otro que haga oír con claridad lo que otros tienen que escuchar” (San Gregorio Magno).
DECIDIR
“Juan era la voz, pero el Señor es la Palabra. Juan era una voz provisional; Cristo, desde el principio es la Palabra eterna. Quita la palabra, ¿y qué es la voz? La voz sin la palabra llega al oído, pero no edifica el corazón. Cuando la palabra ha pasado a ti, ¿no te parece que es el mismo sonido el que está diciendo: Ella tiene que crecer y yo tengo que menguar? El sonido de la voz se dejó sentir para cumplir su tarea y desapareció, como si dijera: Esta alegría mía está colmada. Yo soy la voz que grita en el desierto: Allanad el camino al Señor”. (San Agustín. Oficio de Lecturas. Tercer domingo de adviento).
En esta jornada de oración, de quietud, has recibido un mensaje. Te tienes que hacer voz para transmitirlo. Nuestro hacer escolapio nos marca un campo muy amplio de concreción. La vida hecha mensaje en decisiones sencillas, en gestos fraternos, en palabras cercanas, en apoyo y compromiso. Al niño y a la niña, a cada joven, a las familias, a cada educador,… La grandeza del amor consiste en el pequeño detalle, en la atención delicada, en la escucha silenciosa. En dar lo que la otra persona requiere para crecer.
La Palabra de Dios nos empuja, y nos lleva a conectar continuamente con la realidad de cada día para que sea vivida, testimoniada y vivenciada. El culmen de la contemplación es la evangelización. La capacidad de brindar a otros el tesoro descubierto; la decisión y el empeño de ofrecer a otros la “misma agua viva” que ha trasformado nuestra vida. El culmen de la contemplación es la actitud de María: “Hágase en mí según te Palabra… y salió deprisa a servir a su prima Isabel”.