María, peregrina…


El Amor te urge, María, porque lo llevas en tus entrañas.
Delicadamente unes el Cielo y la Tierra; intuyes una necesidad y estás, enseguida, dispuesta a servir.
Tu corazón se hace cada vez más grande porque cada vez guardas más "cosas de Dios" en él y, aun sin comprender, te fías: el Amor es tu vocación.

CANTO: Gracias, Madre, por tu presencia…

María se pone en marcha hacia las montañas de Judea para visitar a su prima Isabel.
Camina hacia Belén con José y, como una pareja de peregrinos, buscan refugio en un establo.
Caminan hacia Egipto porque un rey ambicioso y sanguinario tiene miedo de un niño pequeño y lo busca para matarlo.

CANTO: Gracias, Madre, por tu presencia…

Camina de vuelta a Nazaret cuando un ángel les anuncia que el rey Herodes ha muerto y que pueden regresar.
María es peregrina porque sabe orar al padre. Porque camina hacia sus hermanos.

CANTO: Gracias, Madre, por tu presencia…

Porque tiene esperanza y la despierta ante los hombres.
María es peregrina; va a la montaña de Jerusalén o a la montaña de Judá o al exilio de Egipto… porque está movida por el AMOR.

CANTO: Gracias, Madre, por tu presencia…

TODAS

Enséñanos, María, a estar siempre en marcha, a no quedarnos instaladas.
Haznos comprender que nuestra vida cristiana es un continuo éxodo.
Abre nuestros ojos, nuestra mente, nuestro corazón… para que estemos en continua búsqueda.
Danos entrañas de misericordia y unos brazos abiertos a nuestra realidad sin otro deseo que el de servir amando.