I
Estaba
en oración, se gozaba
de la misericordia de Dios para su pueblo,
con Abraham y con David, y las promesas.
"¡Tu misericordia, oh Dios, es un edificio eterno!".
Tu misericordia me sostiene y me cobija,
en ella me refugio y en ella me alimento.
Hablaste a David, nuestro padre,
de un linaje perpetuo,
de un trono para todas las edades...
pero en su trono se sientan extranjeros.
Sus hijos están sin gloria,
criados, agricultores, carpinteros.
¡Acuérdate, Señor, de tu misericordia
a favor de tu linaje y de tu pueblo!
¿Por qué no envías un ángel, Miguel
o Gabriel,
que venga en nuestra ayuda
y dé a las promesas cumplimiento?
(Silencio
y luego se puede cantar: "Un ángel vino de los cielos
y a María le anunció...")
II
María
entró en la luz, como una nube.
¿Qué sucede, Dios mío?
Era un temblor y una alegría incontenible,
una cercanía del misterio insospechada,
y un estremecimiento.
Sintió una palabra: "¡Alégrate!",
tan fuerte, tan profunda.
¿Era un ángel o era Dios?
"Estás rebosando de gracia, María".
Eres rosa escogida del espíritu,
eres Adviento culminado,
eres llave que abre el cielo.
El hijo de David, tan esperado,
ha de nacer de ti, hijo tuyo, mujer,
Hijo también de Dios Altísimo.
Traerá el Reino del amor y la justicia,
y no tendrá fin, por los siglos.
¿Y ahora, quieres, señora, dar tu consentimiento?.
(Silencio
y luego se puede cantar: "Yo soy la esclava del Señor,
mi Dios...")
III
María
era un asombro,
temblaba, sí, mas de emoción.
¿Dudaba? ¡No dudaba!
¿Temía? ¡No tengas miedo!
¿Lloraba? ¡De alegría y esperanza!
-¿Y qué tengo que hacer? - Nada,
sólo creer en la palabra, en el misterio,
todo es cosa de Dios y de su Espíritu.
Hubo silencio. Y al fin:
- "Sí, sí, yo creo, ángel de Dios.
No sé, pero yo creo.
Cúmplase en mí lo que dices. Hágase.
Soy la esclava del Señor, sólo un esclava.
Yo creo, repetía
llorando y balbuciendo.
(Silencio y luego se puede cantar: "Y el verbo para redimirnos...")