AVE MARÍA

En el Ave María los cristianos saludamos, alabamos y suplicamos a María. Esta oración la inició el Ángel Gabriel, el de las buenas noticias, la continuó Isabel, la prima querida de María, y la completó el pueblo creyente.

DIOS TE SALVE MARÍA

MARÍA,
Te saludamos; en ese nombre expresamos el deseo de ver realizado todo lo bueno que está en nuestro corazón.

Así tu nombre, María, unas veces se convierte en alabanza y otras se transforma en súplica confiada.

Silencio. (Música del Ave María)

LLENA DE GRACIA

MARÍA,
Estás llena de gracia porque el Espíritu te cubrió con su sombra y te hiciste su santuario, derramó la gracia que fecundó tu vida.

María, amiga de Dios y de los hombres, favorecida de Dios y favorable a los hombres, queremos estar cerca de ti y compartir tu Gracia.

Silencio. (Música del Ave María)


EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO

MARÍA,
Cuando escuchaste que Dios estaba contigo, recuperaste tu paz y tu esperanza. Experimentaste dentro de ti el dominio íntimo y confortante del Señor. Él estaba contigo y tú estabas con Él. Sólo quien tiene al Señor se convierte en signo claro y transmite la presencia reconfortante y transformante del Señor, lo que tú contagiabas.

María, Tú que estás con el Señor, háblanos de Él.

Silencio. (Música del Ave María)


BENDITA TÚ ENTRE LAS MUJERES

MARÍA,
Tu bendición pertenece a Dios, es Dios quien te bendice. Tu condición de mujer quedó penetrada en el Evangelio, redimida y exaltada.
María, nosotros los hombres, unimos nuestra voz a la del ángel y a la de Isabel y abierta y gozosamente te proclamamos: Bendita, Santa del Señor.

Silencio. (Música del Ave María)


Y BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE, JESÚS.

MARÍA,
Eres bendita porque el fruto de tus entrañas, Jesús, es su fruto bendito. Como a toda madre, a ti también tu hijo te acaparó la atención, te robó el corazón y colmó tu vida. Tú hablaste poco, hablaste y actuaste por Él, te contentaste con pedir: "Haced lo que Él os diga".

María, esa fue tu obra, tu pasión fue y es irradiar a Jesús, mostrar y ofrecer a Jesús, tu hijo. Cuando sostenías en tus brazos a Jesús, sentías el peso del mundo en tus brazos y la alegría de haber dicho un día: Hágase.

Silencio. (Música del Ave María)

Canto final.