NUESTRO SUEÑO EN FILIPINAS: LA SOLIDARIDAD

Durante esta temporada que estoy pasando en Filipinas entre nuestras queridas hermanas, he ido comprobando el gran cambio que se ha ido operando en esta entrañable ciudad de Cebú, con sus grandes edificios y torres y al mismo tiempo, el crecimiento de la sociedad más necesitada salta a la vista, sólo con recorrer sus calles y distritos.
El progreso con la nueva tecnología y globalización es un hecho. Los enormes departamentos de tiendas llamados “malls” con sus salones de juegos y cafeterías se llenan de gente que van a pasar su día como en un parque donde pueden gastar su fortuna los que tienen dinero; y si visitas los sitios de los pobres, ves

en cambio las barriadas con sus casitas minúsculas donde se apiñan familias muy numerosas y conoces su miseria y la vida arrastrada que llevan.
En nuestras conversaciones, se comenta con dolor los problemas de tráfico de niños y jóvenes que nuestras hermanas han oído de palabra de los padres de los niños de nuestra escuela. Nos estremece oír los casos que se dan cerca y nos preguntamos qué y cómo hacer para ayudar a la niñez y juventud aquí y ahora.
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Nuestros niños con sus madres y Sr. Teresita en la nueva escuela de Cogtong, Isla de Bohol |
¿Cómo y qué harían Calasanz y M. Paula? ¿Cuál fue nuestro objetivo al principio de nuestra misión aquí, para ayudar a las familias pobres? Porque es una realidad que la pobreza se extiende más y más en esta sociedad donde aparentemente el lucro del progreso deslumbra. Nos preguntamos: ¿Podemos hacer un poco más por tanta niñez necesitada?
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Esta pregunta me hace reflexionar en los principios de nuestra labor escolapia en Filipinas. Recojo de la crónica de nuestra casa de Lawa-an donde comenzamos con catequesis y parvulario. Dice así: “9 de Junio de 1991. “Comenzamos a recorrer de nuevo los alrededores para conocer más y más las familias más necesitadas. Desde que vinimos tenemos el plan de comenzar con el parvulario en cuanto podamos y así, lo llevamos siempre presente este tema en nuestras conversaciones y reuniones comunitarias o de las dos casas. Unas veces con Sr. Teresa y otras con Sr. Encarnación, visitamos estos lugares e invitamos a las familias a matricular a sus hijos en nuestro parvulario que muy pronto pensamos abrir.” |
“12 de junio de 1991. Hoy ha tenido lugar la matricula de los niños. Son 35 los que se han matriculado, han venido niños de familias muy humildes, pero otros no se han atrevido creyendo que la cuota mensual estaría por encima de sus posibilidades. De esta forma, otros que estaban en mejores niveles económicos y que ni siquiera fuimos a visitar, se han aprovechado rápidamente. Así que el conjunto del grupo escolar, en este año que se comienza, está compuesto de dos clases sociales, una de posición media y la otra humilde y pobre. Pensamos que este hecho puede ser un gran valor si los niños aprenden a compartir.”
Yo recuerdo todos los pasos que dimos aquellos días. A uno de los padres que vino a matricular a su hija, le contesté que él podía perfectamente llevar a su hija a otro centro y así otro niño necesitado podría matricularse. También la abuela que venía a pagar la cuota de su nieto huérfano con unos cuantos huevos cada mes, etc. Les ayudábamos a que espabilaran y preparar los pocos documentos necesarios para enrolarse. Nuestro objetivo fue llegar a las familias pobres. Veíamos ya claramente la necesidad de educación que tenían los pobres en esta ciudad y nos decíamos: venir a Filipinas para poner una escuela para ricos, no tiene sentido. Hay ya muchas y en cambio los niños pobres nos necesitan. Haremos el posible para que los alumnos y sus familias comprendan nuestra ideología: compartir-solidaridad. A este respecto nos dice M. Conxa Macip en su libro ESPIRITUALIDAD DE MADRE PAULA MONTAL, p.5, comentando una característica de la vida de Jesús: “Fue un hombre para los demás. Su unión con Dios le llevó a solidarizarse con las personas, especialmente con las más débiles y necesitadas”. Podemos decir lo mismo de M. Paula que quiso Salvar las Familias a través de la Educación.
Con la gran ayuda de nuestras hermanas de Japón, se construyó un precioso parvulario y más tarde la escuela de primaria que deseábamos fuera sobre todo para los más necesitados. Se organizó lo que llamamos la cuota responsable basada en los salarios o situaciones de las familias, pidiendo a todos los padres su cooperación en la limpieza y otras funciones y servicios que fuesen necesarios para el buen funcionamiento de la escuela. Se organizó también, especialmente con la ayuda del colegio de Logroño, el sistema de becas para los niños más humildes o de familias numerosas.
Nuestra escuela, académicamente, tuvo pronto un buen nivel y fue conocida con el nombre de “Escuela elemental, Virgen de las Escuelas Pías”.
Nos alegra ver que un 30% de familias necesitadas cursan sus estudios en nuestra escuela, además de un grupo de jóvenes de familias muy pobres a quienes se les pagan los estudios universitarios mientras ayudan con su trabajo en nuestro centro.
Al visitar de nuevo los lugares que recorrimos los primeros años, compruebo que no ha habido cambio en sus vidas. La gente vive sin trabajo fijo, recogiendo basura, apiñados en casitas humildísimas y es entonces cuando la fibra más escondida del corazón se estremece y una se da cuenta que sólo por la comprensión y gracia de poder hacer algo por ellos aconsejándoles la asistencia a la escuela pública, aunque tengan hambre y siendo acogidos en la nuestra o en otras escuelas cristianas, podrán salir de esa esclavitud a través de la educación que Calasanz y M. Paula dieron a los niños de su tiempo para la renovación de la sociedad y renovación de la familia en el mundo.
Si nosotras, como Instituto, tenemos vivo el espíritu escolapio, ¿cómo podemos encauzar y ser gozosas líderes de esta misión y aportar, a lo que Dios nos llama por nuestro carisma solidario, con los más necesitados? ¿Además del trabajo de mentalización y comprensión de nuestro objetivo de solidaridad con las familias, es a cada persona, a cada colegio, a quien pediremos que nos siga ayudando para mantener el sueño del principio? ¿La solidaridad aquí y ahora? Desde luego, Dios nos bendecirá de muchas formas, como decía una júnior, ¡si nos damos a los pobres!. “Venid a mi porque tuve hambre….” Sin educación, no hay trabajo en la sociedad, en esta ciudad; sin trabajo no hay alimentación, sin alimentación no se puede caminar ni estudiar, sin dedicación a ellos no salen adelante, pero con LA GRACIA DE NUESTRO CARISMA, NUESTRO SUEÑO EN FILIPINAS, LA SOLIDARIDAD ES POSIBLE: UNA ESCUELA PARA TODOS
“SOLO COMPARTIENDO HABRÁ UN MUNDO MAS JUSTO” (Juan Pablo II)
¡Dejad que los niños vengan a Mí! |
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M. Pilar Aguarod, Sch.P
 
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