SER CASA Y ESCUELA
DE COMUNIÓN


          “Nos sentimos llamadas a vivir en comunidad de fe y de vida. Vivimos la comunidad como lugar teológico y de identificación escolapia, en el que crece nuestra consagración y se nos impulsa a la misión.

           En comunidad nos ayudamos a buscar el Agua de la Vi-da, a saciar nuestra sed y a ser dadoras del Agua que salta hasta la vida eterna.

           Agradecemos al Señor el don de la fraternidad y, uni-das en recíproca ayuda, vivimos y crecemos en la fe, la espe-ranza y el amor (RR 1). Potenciamos unas relaciones generado-ras de comunión en la diversidad”.
(XXV Capítulo General, pág. 21)

 

CASA DE FORMACIÓN

La comunidad, escuela en la que aprendemos a estar disponibles para acoger la acción del Padre, donde todo lo que sucede en la vida cotidiana se transforma en mediación formativa, donde la persona desde el deseo de dejarse formar aprende de cada una de las hermanas, se convierte en casa de formación.

o ¿Mis actitudes favorecen que se dé esta dinámica en la comunidad? ¿Qué necesita nuestra comuni-dad para responder a los retos que nos vienen del mundo?


CASA DE FRATERNIDAD

La comunidad que “hace el bien” a los que a ella se acercan, procura “ amar de verdad”, desde el AMOR, a todas las personas que la integran y vive en comu-nión, coherencia y donación, se convierte en casa de fraternidad.

o ¿Me siento responsable de mi hermana y necesita-da de su presencia? ¿Cómo contribuyo a construir una verdadera fraternidad?


CASA DEL PAN Y DE LA PALABRA

La comunidad en la que se comparte la fe, se narra lo que Dios ha hecho y está haciendo en cada una de nosotras, se cuida la profundidad y belleza de la li-turgia y se usan todos los medios para crear un espí-ritu de familia, se transforma en casa del pan y de la Palabra.

o ¿Participo en la elaboración y hago vida el Proyec-to comunitario con responsabilidad y compromiso? ¿Cuido la preparación y celebración de la liturgia y dejo que la Palabra vaya creando lazos de comunión y favorezca el perdón, la corrección fraterna y la con-frontación de la vida?


CASA DE FAMILIA

Una comunidad religiosa no es una familia, pero tiene mucho que aprender del modelo familiar y cuando procura crear un ambiente que favorece las relaciones interpersonales se convierte en casa de familia

o ¿Colaboro para que la vivienda de la comunidad esté arreglada con gusto y sencillez y uso responsa-blemente las cosas comunes? ¿Ayudo en las tareas domésticas desde mis posibilidades?


CASA DE LOS VALORES

Cuando la comunidad, allí donde está, es significati-va para todos porque es abierta y acogedora, sobria y transparente, cálida y delicada con los heridos que encuentra en las cunetas de la vida, testigo de los va-lores de nuestro carisma, se convierte en casa de va-lores.

o ¿Qué reflejamos de nuestro carisma, de nuestra es-piritualidad, de nuestra experiencia de Dios? ¿Qué valores cuidamos de manera especial en nuestra comunidad?


CASA DE SANTIDAD

La comunidad que busca la santidad comunitaria-mente, que comparte su historia de salvación, que acoge sus propias debilidades desde la luz de la Pala-bra, que vive en fraternidad humanizándola y es sig-no de comunión, se convierte en casa de santidad.

o ¿Vivimos lo que anunciamos? ¿Nuestras prácticas religiosas dan respuesta a las aspiraciones profun-das del corazón?


CASA EN MEDIO DEL MUNDO

La comunidad que sabe estar en medio del mundo, cercana a la historia de los que la rodean, que envía y acompaña a sus miembros en las misiones especificas que realizan, es casa en medio del mundo.

o ¿Qué anuncio del Evangelio hace nuestra comuni-dad? ¿Es nuestra comunidad “Casa” para el mun-do de hoy?


CASA DE TODOS

La comunidad que acoge en el corazón y ofrece al que llega lo que necesita, sabe dar su tiempo y atención, hace de su oración espacio comunitario siempre abier-to a los demás se transforma en casa de todos.

o ¿Cómo vivimos la acogida de unas a otras en la comunidad y la hospitalidad con todos los que lle-gan a nuestra casa? ¿Podemos decir de corazón al que llega “esta es tu casa”?


CASA FECUNDA DE HIJOS

La comunidad con la propia vida, con su manera de hacer y de servir, con la calidad y calidez en las rela-ciones internas, con su testimonio luminoso y conta-gioso de la belleza de Dios y del seguimiento de Cris-to, se convierte en casa fecunda.

o ¿Vivimos conscientemente esta realidad de ser co-munidad vocacional? ¿Cómo podría ser nuestra comunidad animadora de nuevas vocaciones?


CASA DE ALEGRÍA

La comunidad donde se hace visible el gozo del Espí-ritu de Dios y su amor derramado en los corazones, goza perdonando, acaricia con su compasión y mise-ricordia, crea comunión, acoge la diversidad, se con-vierte en casa de alegría.

o ¿Nuestra comunidad participa y expresa este gozo y esta alegría? ¿Sabemos acoger y aceptar la diver-sidad, practicar el perdón y la misericordia, gozar con los éxitos y alegrías de los demás?


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NOTA. Puede iluminar el artículo de Cencini: “La casa lugar y morada”. XXXIV Semana de Nacional para Institutos de Vida Consagrada. Pág. 149ss 

Congregación General, Roma 2010