ENCUENTRO CON LAS HERMANAS
DE JAPON-FILIPINAS




Japón, raíz fecunda de árbol frondoso


El día 28 de abril salíamos de la casa general con el corazón preparado para realizar "la visita de animación" a las hermanas de Japón y de Filipinas. Viajar al lejano Oriente siempre genera una sensación de misterio por todo lo que hemos leído y oído de estos países asiáticos donde nace el sol.

Los aviones son ya nuestros compañeros de viaje, el "hermano avión", como diría San Francisco de Asís. El avión es uno de esos avances de la técnica que nos manifiesta la inteligencia del ser humano y nos lleva a alabar al Creador que deja que el hombre se sienta creador utilizando esas facultades que lo engrandecen y lo dignifican, facultades que Él le regaló al crearlo a imagen y semejanza suya.

Nuestro avión hacia escala en Frankfurt y allí una compañía japonesa ANA nos llevaría en 12 horas de vuelo a Tokio. Pronto la Providencia se preocupó de nosotras, que por ser de generación ya antigua no dominamos lenguas diversas y, por supuesto, el japonés nos parece chino.

Mamiko Sato, joven japonesa, estudiante de astronomía, hablaba español y venía de dar una conferencia en Alemania sobre su especialidad del mundo de las estrellas. Ella nos iba traduciendo todo aquello que las lindas y amables azafatas japonesas, con mucho interés, querían ofrecernos.

Las horas transcurrían y el mapa del avión nos iba indicando nuestro paso por Rusia, Siberia, China …, qué grande es nuestro planeta, qué inabarcable, qué bello … nuestro corazón se alegró cuando sobrevolamos Tokio y Mamiko nos avisó de que estábamos ya para aterrizar.

El rostro de nuestra hermana Carmen Vallejo, sonriente y acogedor, es lo primero que vimos al llegar a un enorme aeropuerto con salas que parecen bellos cuadros de pintura abstracta pero con una gran armonía. Autobús, taxi y por fin en casa. Qué gozo encontrarnos ya con las hermanas y qué gozo comprobar, una vez más, que hemos dejado una casa y son mil las que tenemos y hasta en el lejano Oriente nos encontramos en "nuestra casa". Gracias hermanas por la acogida, la calidez, los muchos detalles que con nosotras habéis tenido.

Después de Tokio la primera visita que hicimos fue al parvulario de Kamifukoaka. Un parvulario precioso con años de experiencia educativa. En este momento no hay allí comunidad, la reestructuración de obras nos ha hecho buscar una buena solución atendiendo más a las necesidades de las hermanas. Nuestras hermanas Clara Nagasawa y Clara Toda, con esfuerzo e ilusión, en días alternos acuden al parvulario y allí siguen inculcando el carisma de Madre Paula entre muchos niños de familias paganas, pero para el lenguaje del amor no hay religión y los niños están felices y aprenden y cuando cada tarde se van a su casa se despiden con cariño de una hermosa Virgen Blanca que tienen en el jardín. Más allá de toda religión está el corazón que es trascendente y sensible a la auténtica religiosidad. Los niños no necesitan poner nombre a Dios.

La convivencia con todas las hermanas de la provincia, los días 3, 4 y 5 de mayo, nos brindó la oportunidad de convivir con ellas en Tokio y reflexionar sobre dos temas que nos habían pedido: La lectio divina y el Proyecto personal. Días de formación, de alegría, de convivencia, de fiesta y claro no podía faltar la excursión a uno de esos jardines japoneses "Hakone" que, aun estando en medio de ellos, te parece que es imposible tanta belleza junta. En Japón hay que resaltar la escultura vegetal, cada árbol, cada arbusto, cada planta, cada flor, están bellamente esculpidos por jardineros muy especializados que consiguen una belleza única y propia de este país. No puedo dejar de mencionar el "Momiyi" árbol de hojas rojas, delicadas y bellas que pone siempre una nota de color cálido a las distintas gamas de verde que encontramos por doquier. En la galería gráfica veréis algunas de estas bellezas.

Después de la convivencia Yokohama, la primera comunidad, la piedra angular de esta gran misión. Allí la misión de Japón crece hacía dentro, extiende su raíz en la profundidad del amor entregado a la "misión ad gentes", casa noviciado mucho tiempo. Y la raíz crece. Hoy el árbol se ha hecho grande: Japón, Filipinas, India y Vietnam. Y lo que parece difícil de entender desde la lógica humana allí es evidencia. De la pobreza el Señor hace cosas grandes. El rostro de las tres hermanas Vietnamitas: Hue, Tao Y Truc nos dicen que las promesas de Dios se cumplen. La nueva rama de la Escuela Pía en Asia, tres postulantes y 5 aspirantes en nuestra casa de Betania en Vietnam son el brote nuevo de está fecunda raíz.

Con toda la comunidad visitamos el jardín natural de Sankeien Garden en el que la belleza natural estaba salpicada por casa de clásico estilo japonés y en una de ellas, nuestras hermanas nos llevaron a participar en la ceremonia del té. Ceremonia llena de armonía en los gestos de quien preparaba el té como belleza en los Kimonos que pudimos contemplar. De nuevo ¡GRACIAS!

El viaje a la comunidad de Yokkaichi ponía a prueba nuestra pericia de viajar solas por Japón, nos acompañaron al tren de alta velocidad y allí las tres solas debíamos estar atentas a escuchar una consigna: "Mamonaku Nagoya" y allí levantarnos y bajar rápido porque el tren de Japón no está hecho para personas indecisas. Pasamos bien la lección y de nuevo Carmen Vallejo nos esperaba en esa inmensa estación para tomar otro tren y allí, nuestras hermanas Isabel Takagui y Teresa Kubo nos llevarían a casa.

El tiempo en Yokaichi fue rápido e intenso. Saludo al director, saludo a los profesores, encuentro con las alumnas, visita de las grandes dependencias de este colegio, Eucaristía en la parroquia de los Padres Escolapios para emigrantes de familias japoneses que vienen de Brasil. Sin darnos cuenta preparábamos maletas para tomar el avión y volar a Cebú.

A Filipinas nos acompañaban la M. Provincial, Carmen Vallejo y Teresa Kubo que después de unos días irá a Colombia con dos hermanas filipinas para perfeccionar el español y de allí al curso de juniores de Arenys de Mar.

El calor sofocante de Filipinas nos acogió al bajar del avión y allí estaban Teresa Fernández, Delegada de Filipinas. Estrella Boldaba y Gina Parilla, hermanas del Consejo de la Delegación. Nuestro coche se cruzaba con numerosos yipnis de múltiples colores, llenos de bocinas y en permanente griterío multicolor. A medida que nos acercábamos a la ciudad los triciclos de taxi se cruzaban ante nosotras dejándonos admiradas de su destreza para conducir sin chocar ante tanto tráfico con pocos semáforos y pocos pasos de cebra sin otra simbología que el ingenio para pasar el primero con alegría y mucho ruido.

La casa de Guadalupe nos pareció preciosa. Es parecida a la de India. Abierta, clara y funcional. Cuando te acercas a la puerta lo primero que ves es el Sagrario al fondo de varias salas contiguas. No sé si es ingenio arquitectónico o deseo del corazón hecho visible: "El Señor es el centro de nuestra casa, el Señor de cada una de nosotras". Allí cinco aspirantes, cuatro júniores y dos profesas de perpetuos: Cristine y Teresita que ayudan a la formación de las más jóvenes. Su danza, sus flores al cuello, sus cantos nos dieron esa acogida fraterna de las hermanas a las que venimos de lejos.

En los días que allí estuvimos visitamos el Santo Niño de Cebú, centro de la religiosidad popular de este pueblo que vive y trasmite su fe desde una alegría natural que contagia y admira. La cruz de Magallanes también nos recordó a tantos misioneros anónimos que dieron su vida por llevar al lejano Oriente la Palabra de Dios y la fe cristiana. Vidas que han quedado muchas veces ensombrecidas por los rasgos autosuficientes de los conquistadores que solo deseaban enriquecerse y explotar al pueblo conquistado.

Se acercaba el día de la fiesta y en Lawa-an nos encontramos todas las escolapias de Filipinas, con nosotras cinco éramos cuarenta. ¿No es fecunda la raíz que prendió en Japón hace casi 55 años? No me entretengo en contar la fiesta. Iris lo ha hecho muy bien. y ya lo podéis leer en esta misma página web.

Cuando acabó la fiesta nos esperaba una sorpresa única, dos días en la playa, la mamá de un alumno nos dejaba su casita, una casita para una familia de 4 y allí estuvimos dos días 40. Lo más divertido fue la noche, en la playa se duerme bien y no teníamos experiencia de dormir al aire libre. La belleza del mar no os la puedo describir y lo que disfrutamos nadando y jugando tampoco, son cosas que quedan grabadas en el corazón. Allí trabajamos el tema de la "Lectio Divina".

Volvimos a Cebú para volar a Manila y conoce la nueva casa de estudio de las júniores. Allí tienen posibilidad de ir a la universidad y prepararse bien para ser "verdaderas escolapias".

Es admirable cómo trabajan estas hermanas la pastoral vocacional, con qué esfuerzo se recorren las parroquias y las islas, con qué interés siembran y con qué agradecimiento acogen a las jóvenes que acuden a nuestras comunidades. Admirable también el empeño que tienen en su formación, sin prisas, hasta que el grupo de escolapias esté bien formado y consolidado carismáticamente. Un ejemplo para todas nosotras. No hay prisa por abrir obras educativas, hay prisa por contagiar vocacionalmente a muchas jóvenes y lo están consiguiendo.

En la retina y en el corazón muchas imágenes que las cámaras digitales no captan, me quedo con una muy especial: en el escenario el día de la fiesta despedimos a los más de 500 invitados subiendo todas las escolapias: Las 40 cantamos un himno nuevo a madre Paula que el P. Echeverría había compuesto para tal ocasión. Era emocionante ver aquel grupo de escolapias, brote frondoso de la fecunda raíz.

Quiero hacer mención a nuestro encuentro con los Padres Escolapios, tanto en Cebú como en Manila, en los dos lugares el P. Miguel Artola y los demás padres, nos acogieron fraternalmente en sus casas. Mucho nos ayudan. Para ellos también el Señor está siendo grande con muchas vocaciones asiáticas ¡gracias!

De Manila a Tokio y de Tokio a Roma, en el corazón sólo una palabra: ¡GRACIAS! Gracias a Dios por esa historia de salvación que está realizando con la Escuela Pía Asiática, Gracias a cada hermana que vive con alegría y profundidad su vocación escolapia. Gracias a todo el Instituto que durante este mes, con vuestra oración y vuestro recuerdo, nos habéis acompañado.

Divina García, Sch.P.


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