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Por vocación la mujer es hija de Dios y tiene una misión trascendente. Le ofrecemos una evangelización progresiva que la lleve a la adhesión personal a Jesucristo y a vivir y compartir su fe dentro de la Iglesia.
Hemos de formar mujeres creyentes, que desde su compromiso de fe, trabajen responsablemente en la construcción del Reino y abran para la mujer en la Iglesia, caminos de esperanza.
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