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PÓRTICO
Resplandeciente
de la belleza inicial.
Testigo de la Misericordia de Dios.
Portadora de la Compasión de la Toda Santa Theotokos,
La
Beata Madre Paula Montal de S. José de Calasanz nos entrega su
mensaje en líneas y colores, plasmado por el Espíritu Santo,
Iconógrafo y Protagonista por excelencia de todo Icono.
De
tipo hagiográfico, el Icono de la Beata Paula Montal, Fundadora
del Instituto de las Madres Escolapias, pertenece al modelo Iconográfico
llamado "épico", según la expresión de
Konrad Onasch. Acompañando a la Beata Madre, sobre el marco "pole",
ocho miniaturas relatan algunas escenas de su vida. Ilustraciones que
traducen y acentúan la dimensión sobrenatural de su misión.
La
estructura gráfica del icono descansa sobre las líneas del
Blasón de la familia Calasancia.
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La
letra "A", incrustada en la letra "M",
expresa las dos realidades, o más bien, las dos líneas
fuertes de la vida de la Beata: el carisma mariano y el carisma
calasancio.
El ápice de la letra "A" coincide en las
manos de la Madre de Dios en la miniatura de la Hipapante. Como
envuelta en la letra "A", la Beata Madre, erguida,
firme, ocupa el centro del icono en el "Kovtcheg" (parte
ahondada), nombre utilizado en la Biblia para designar el Arca de
la Alianza.
Tanto en Oriente como en Occidente, la Iglesia ha visto en el Arca
de la Alianza el símbolo de la Theotokos; la iconografía
sitúa en el "arca" a los Bienaventurados...
Madre Paula recibe la vocación y el carisma propio de manos
de la Virgen, vivió escondida en su Corazón de Madre,
fue en ese escondrijo santo en donde aprendió el don total
de sí misma.
Los ápices de la letra "M" coinciden a la
izquierda con la mano de Cristo y a la derecha con la de la Madre
de Dios. Los dos trazos perpendiculares: el de la izquierda atraviesa
el árbol y el río, el de la derecha el edificio y
las niñas, y como en la letra "A", la Beata
Madre se ubica también en la letra "M",
simbolizando así el carisma total del Instituto. Penetremos
en la significación de estos símbolos; así
aprenderemos la lectura del Icono y nos dejaremos enseñar
por él en nuestra contemplación.
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FIGURA
CENTRAL
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La
Beata Madre Paula Montal, de pie, erguida en la actitud de los resucitados,
emerge de un fondo de oro que representa la gloria, luz de la Jerusalén
celeste y en donde quedan inscritos los nombres de los Bienaventurados.'
Revestida con el hábito religioso de su Instituto, puesto
que fue su librea en la tierra. El Icono habla siempre de un ser
encarnado, y lo que nos muestra de él asume, en una visión
escatológica, su peregrinar terrestre. Fundadora de las Madres
Escolapias, vestida con el hábito de las Escuelas Pías,
"color negro, con ceñidor, semejante en lo posible a
la sotana escolapia". La Orden de las Escuelas Pías
es para Madre Paula el lugar donde su vocación se realiza,
el lugar de su santificación y de su transformación.
El hábito negro en el Icono, iluminado por el "Iápis
lazuli", pigmento natural, precioso, que con su color noble
evoca los destellos de la vida divina en su alma y el fuego de amor
que abrasó su corazón. Este amor es el que la lanza
a trabajar por la buena formación de las niñas forjando
un futuro: la santificación de la familia.
Su
silueta, esbelta y vertical representa el alma fuerte que la habita.
La verticalidad, expresión de la entereza, es signo de garantía
de la verdad de su mensaje. Sin embargo, la ligera inclinación
de su cabeza indica su entera sumisión y disponibilidad,
evocando el eterno FIAT de María. A su ejemplo, Madre Paula
ha vivido para cumplir la Voluntad de Dios. Cuántas veces
sus hijas le oyeron decir "Hágase en todo la Voluntad
de Dios". "La santa obediencia lo ha dispuesto así,
hágase en todo la Voluntad de Dios".
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Mostró
siempre y en todas las ocasiones, una sabiduría y una perspicacia
que sólo los santos, asistidos por el Espíritu Santo, pueden
poseer. Estos trazos de Dios quedan expresados por el resplandor de su
rostro, lugar de la presencia del Espíritu de Dios, y de su cabeza,
sede de la inteligencia y de la sabiduría.
El gesto de su mano derecha refleja y acentúa su actitud de acogida.
Toda disponible a la acción del Espíritu Santo. Se le pueden
aplicar las palabras de San Cirilo de Jerusalén: "La entrada
del Espíritu en nosotros se hace con dulzura, se le acoge con alegría,
su yugo es suave. Su llegada se anuncia con rayos de luz y de ciencia.
Viene con la ternura de un verdadero defensor, pues viene a salvar, sanar,
enseñar, aconsejar, fortalecer, reconfortar, iluminar el espíritu,
primeramente en el que lo recibe y por éste comunicarse a los demás".
Su mano izquierda sostiene con elegancia un pergamino, expresión
de su deseo "Quiero salvar las familias, enseñando a las
niñas el Santo Temor de Dios". Frase repetida sin césar
que llega hasta hoy con toda su actualidad. Hoy, que vemos a la familia
desunida, a los niños sin amor..., el mensaje de Madre Paula, más
que actual es esencial en nuestra sociedad. La santidad de la familia
es la que guarda la unión familiar. La Iglesia proclama el Año
1994, "Año de la Familia". Urge. En este año,
aparece el icono del apóstol de la familia, la Beata Madre Paula
Montal. Ella comprendió que no hay forma más fuerte para
manifestar en el mundo el misterio de un Dios, que es relación
de amor, que la familia: Epifanía de la Trinidad.
¿Quién podrá .negar el lugar primordial de la mujer
en la familia y en la sociedad? A este fin, la Beata Madre fundó
escuelas para niñas, poniendo sus capacidades al servicio de la
educación y de la formación cristiana de las que en el futuro
serían las mujeres de la sociedad, inculcándoles la Piedad
y el Santo Temor de Dios y hoy nos lo recuerda el Magisterio de la Iglesia:
"... con la piedad y el temor de Dios... dones del Espíritu
Santo... Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud
a las inspiraciones divinas".
LADO
IZQUIERDO DEL ICONO
Como
ya hemos señalado, el ápice izquierdo de la letra "M"
-en el gráfico del Icono- parte de las manos de Cristo, formando
las dos líneas divergentes, una de ellas alcanza los pies de la
Beata Madre, mientras que la segunda atraviesa el árbol y el río.
El punto de unión de las dos líneas anteriores de la letra
"M" determina el nivel de los pies de la Beata Madre.
Misionera dinámica, trabajó largo tiempo en el campo del
Señor, sembró su Palabra en el corazón de las niñas
cultivando la dicha en el seno de sus familias; podemos aplicarle las
palabras de Isaías: "Qué hermosos son sobre los
montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que le trae la buena
nueva, que pregona la salvación".
Es Cristo quien envía a Madre Paula a la misión. La bendice
y hace de ella el "apóstol de la familia" dando incremento
a la promoción humana y cristiana de la mujer con miras a la edificación
de la Iglesia.
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El
árbol y el río
Sobre
el árbol frondoso de la familia Calasancia, Madre Paula viene
a injertar la nueva rama femenina cuyo fruto serán las "Hijas
de María, Religiosas de las Escuelas Pías", a
cuya cabeza irá ella, Paula Montal, como fundadora y transmisora
del carisma calasancio, según reza el salmo "El justo
será como árbol plantado a la vera del arroyo, que
a su tiempo da sus frutos, cuyas hojas no se marchitan. Cuanto emprenda,
tendrá buen suceso".
Éste es el significado del árbol en nuestro Icono:
representa la familia escolapia con sus dos ramas portadoras de
fruto. El árbol es también Cruz, verdadero árbol,
signo de la victoria del Amor sobre todas las formas de muerte.
Los Padres Griegos designan habitualmente la Cruz por las palabras
"To-xylon", es decir: madero, el árbol y no por
el nombre "O stavros" que significa Cruz. Ven en el madero
al árbol de la vida que es gloria y vida eterna, puesto que
el sufrir por amor es "el Espíritu de gloria, el
Espíritu de Dios que reposa en nosotros".
La cruz y el dolor se hicieron presentes en las vidas de San José
de Calasanz y en la de la Beata Paula Montal: en el seguimiento
de Cristo se dejaron calumniar, ultrajar, tenidos en el olvido,
marginados... como si sus deseos y aspiraciones acabasen en el fracaso
y la decepción; pero "es el Señor quien preveía
para ellos un destino mejor". Los quería piedras angulares
de un edificio que subiría muy alto, raíces de un
gran árbol que llevaría mucho fruto, árbol
plantado junto a las corrientes de las aguas, agua de la gracia
que purifica, refresca, fortifica y santifica. "La Sagrada
Escritura designa a la Gracia del Espíritu Santo, ya como
un fuego, ya como agua, poniendo en relieve que estos nombres no
indican la sustancia sino la operación. Fuego que muestra
la fuerza y el ardor de la Gracia, agua que significa el refrigerio
y pureza del alma que la recibe".
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No
podemos silenciar aquí el don con que agració el Señor
a la Beata Madre: la impresión del carisma calasancio en su alma.
Su respuesta fue una generosidad sin desfallecer, una entrega sin descanso,
que la lanzaron a la consecución del nuevo Instituto sin detenerse
ante las grandes dificultades que surgieron ya en el interior, ya en el
exterior de su Obra. Fortaleza inexpugnable, don del Espíritu Santo,
hasta consolidar la Congregación dándole como base la Espiritualidad,
las Constituciones y las Reglas de San José de Calasanz. ¿Quién
mejor que la Beata Madre podrá expresar su sentir? En una carta
dirigida al Prepósito General de la Orden de las Escuelas Pías
dice: "En nosotras está el porvenir, han dicho los centinelas
de Israel, nosotras hemos de ser digno muro y fuerza a la impiedad que
corre desalada devastando las hermosas flores de la inocencia y estrujando
las bellas ilusiones de los jóvenes corazones. Y a tan risueñas
esperanzas corresponde nuestra fe con el fuego de nuestro amor, con la
llama de nuestro entusiasmo que arde en nuestro pecho agitada por las
manos del Patriarca de Calasanz, cuya imitación es nuestra dicha,
nuestra esperanza, nuestro consuelo".
LADO
DERECHO DEL ICONO
El
ápice derecho de la letra "M" -recordemos el gráfico
del Icono- coincide en la mano de la Theotokos, de donde parten las dos
líneas, una que alcanza el nivel de los pies de la Beata Madre
y la segunda que atraviesa el edificio y las niñas.
María la "digna" Theotokos (Axlon) se hace presente en
nuestro icono en la actitud de intercesión "Deisis".
La que adelantó la hora de Jesús en Caná: "María
colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es Madre
allí donde Él es Salvador y Cabeza del Cuerpo Místico".
Las palabras que le dirigió Jesús suspendido en el madero
de la cruz: "Mujer, he ahí tu hijo" le confirieron
su función de intercesión materna. María, la nueva
Eva -vida- protege y guarda a todas las criaturas. Está presente
en la Obra de Madre Paula y cubre con su intercesión a la Fundadora
y a sus hijas y las protege y guarda en su brazos como antaño lo
hiciera con su Hijo Jesús. Sus manos inmaculadas, abiertas, en
gesto de súplica, y la inclinación de su cabeza expresan
esta realidad. Ella cuida de la Beata Madre y de su Instituto. Derrama
gracias sobre ellos y deja pasar el flujo del Espíritu Santo, fecundado
con su poder de Madre, que intercede como Reina ante su Hijo Jesús.
María es la Educadora de la que será educadora de tantas
religiosas y jóvenes. Madre Paula ha penetrado el misterio de la
Virgen-Madre, que sirve a su Hijo en sus miembros. Su misión en
la Iglesia es actualizar el rostro maternal de María. Con ternura
de madre guarda a sus hijas y alumnas que descubren en su manera de obrar
un reflejo del Corazón de María.
Jovencita aún, Paula es miembro de la Cofradía de Nuestra
Señora del Rosario, más tarde la vemos en la Cofradía
de Nuestra Señora de los Dolores, mostrándose fiel y fervorosa
en el cumplimiento de sus obligaciones, resaltando en su oración
y caridad hacia sus prójimos, especialmente a los más pobres
y necesitados. Siempre a la escuela de María a quien había
escogido como Modelo y Maestra.
Siguiendo a San José de Calasanz, elige como divisa "Piedad
y Letras", palabras fuertes que marcarán la línea
en su labor educativa.
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El
edificio
Simboliza
en nuestro Icono los colegios fundados por Madre Paula. En ellos
desplegó su celo apostólico por la consecución
de sus aspiraciones: la santificación de las familias. Los
que la conocían solían repetir: "donde esté
Paula, crecerá la familia".
Las
dos jovencitas
El ideal que animaba el corazón de Madre Paula: elevar el
nivel de la mujer, para salvar las familias, lo vemos simbolizado
en el Icono por las dos niñas. Una de ellas con un libro
en la mano, expresando la cultura y la segunda con un rosario simbolizando
la piedad. Así se realizan los deseos de San José
de Calasanz cuando decía: "Si desde la infancia se
educa a un niño en la piedad yen las letras, hemos asegurado
para toda su vida un camino de felicidad".
Consecuentes hasta el fin, Madre Paula y sus hijas siguiendo a los
Padres Escolapios, ofrecen a Dios un cuarto voto, el de enseñar
la Piedad, el Trabajo Manual y las Letras a los alumnos.
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MINIATURA
DE LA PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO
En
el centro del cuadro superior, como presidiendo el Icono, vemos la representación
de la Hipapante -encuentro del Mesías con su pueblo- haciendo así
resaltar la importancia de este misterio de la vida del Señor,
con relación a la Beata Madre y a sus hijas. Un dos de febrero
la Beata Madre pronunció sus votos religiosos en compañía
de sus tres primeras seguidoras: Inés, Felicia y Francisca. Día
en que quedó fundado el Instituto de las Madres Escolapias.
En
el centro de la composición, aparece María, la Madre de
Jesús, ofreciendo a su Hijo, y en su Hijo ofrece también
a Madre Paula y a sus hijas: serán también iluminadas con
el resplandor de Jesús y a su vez, iluminadoras de las demás.
María,
San José, el Niño Jesús están representados
en la miniatura como modelo de todas las familias. Esta representación
atrae las miradas y los corazones de las Hijas de María Escolapias,
en donde penetran y aprenden su misión propia y específica
concerniente a la familia y la importancia de la sumisión y humildad
en su carisma en la Iglesia. Sumisión y humildad de la Sagrada
Familia sometiéndose al querer del Padre aceptando los preceptos
de la Ley.
Canta la Liturgia bizantina en esta fiesta "El Antiguo de días
el que anciana mente había dado la Ley a Moisés en el Sinal,
se muestra en este día como Niño recién nacido, y
el que es Autor de la Ley para cumplir su propia Ley, se encamina hacia
el Templo según lo prescribe la Ley".
La Beata Madre no cesaba de repetir a sus hijas "Para llegar a
la cumbre de la perfección hemos de practicar la santa humildad
y obediencia: con sólo esas dos virtudes nos uniremos a Cristo".
Madre Paula enseñó con el ejemplo de su vida, más
que con sus palabras. Ella, la Fundadora, se vio relegada y marginada
desde el primer día de la erección de su Instituto. Más
tarde, retirada en Olesa de Montserrat, alejada del Consejo de su Congregación,
su actitud fue siempre de heroica sumisión, sin pronunciar palabras
de queja. Vivió su soledad y su actividad de apóstol en
la alegría del Espíritu, dando testimonio hasta el fin de
su vida de una fidelidad sin desfallecer a la misión que Dios le
confió.
LAS
MINIATURAS HAGIOGRÁFICAS
El
orden en las miniaturas: Comenzamos por la parte superior de la izquierda,
descendemos hasta la cuarta miniatura, y seguimos por las otras cuatro
del lado derecho, dejando la del centro, la Hipapante, que no la contamos
como miniatura hagiográfica.
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Miniatura
1: Arenys, enseñando el catecismo, la lectura y los
bolillos...
Arenys, su pueblo natal. La Beata Paula Montal participa activamente
en el apostolado de su Parroquia. Fiel colaboradora del Cura Párroco,
enseña el catecismo, la lectura y labores, especialmente
los bolillos. En la miniatura vemos la iglesia de Santa María
de Arenys de Mar, declarada Monumento Histórico-Artístico
el 20 de febrero de 1976.
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Miniatura
2: La Profesión Religiosa
Dos de febrero de 1847. Las cuatro primeras escolapias pronuncian
sus votos de castidad, pobreza, obediencia y dedicación a
la educación de la juventud. Paula la primera en manos del
Padre Director General, Agustín Casanovas, luego Felicia,
Inés y Francisca en manos de Madre Paula y del Padre Agustín.
La presencia del baldaquino simboliza la consagración total
y definitiva de la Beata Madre.
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Miniatura
3: Inicia a sus novicias en la Espiritualidad Calasancia
La
gloria de Dios, el progreso del Instituto y el mejor servicio a
la juventud dependen de la buena formación de sus novicias.
Con suavidad, pero con eficacia y exigencia, sembró en el
corazón de las novicias el carisma recibido, con gran amor
a San José de Calasanz, a las Constituciones y al Instituto.
El gesto de la Beata Madre indicando el Icono de San José
de Calasanz afirma este ideal.
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Miniatura
4: El Padre General entrega las Constituciones a S. S. Pío
IX
El
trece de agosto de 1856, el Papa recibe en audiencia al P. Fucile,
Prepósito General de las Escuelas Pías. Éste
le hace entrega de un informe de la Congregación de Hijas
de María, un ejemplar "modestamente adornado" de
las Constituciones y una carta de la Superiora General. Pío
IX muestra su agradecimiento y complacencia y promete aprobar el
Instituto apenas reciban las Reglas dictamen favorable "porque
él -dijo- alumno de San José de Calasanz, por cierta
razón de origen, estaba unido con sus Hijas", y complaciente
añadió "que él quería guardar el
libro que había recibido como un regalo precioso".
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Miniatura
5: Salva a sus Hijas de la persecución
1874. La persecución religiosa se desenfrena con fuerza por
toda la región; hasta el pueblecito de Olesa de Montserrat
está en peligro y sus sacerdotes y religiosas amenazados.
Madre Paula lo comprende y por salvar a su comunidad decide la huida.
De casa Durán, trajeron al colegio un baúl de ropas,
faldas, pañuelos, mantones..., para nueve mujeres. Las Religiosas
vestidas de payesas, se embarcan hasta Esparraguera. Madre Paula
confía sus Religiosas a la Madre General y ella vuelve a
Olesa. No quiere abandonar ni el colegio ni sus niñas y exalumnas.
Su fortaleza de alma vence los peligros, y allí permanece
entre las gentes de aquel pueblo, que es ya su pueblo.
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Miniatura
6: La Chocolatada
Trece de diciembre, fiesta de Santa Lucía. Las niñas
están todas ese día en el colegio. Grupo alegre y
bullicioso. Representan el martirio de la Santa: una chiquilla con
túnica blanca, la palma y el plato tradicional con los ojos
de cera..., la vida de la joven de Siracusa, que prefiere perder
los ojos de su cuerpo, antes que la pureza. Y así forman
una procesión por las calles y plazas del pueblo, cantando
y recogiendo en cestos los dones de la gente que con gozo presencian
el desfile. Monedas, huevos, chocolate, galletas..., los cestos
se van llenando. Madre Paula recoge los dones, para repartirlos
entre las niñas, al día siguiente, en la "chocolatada"...
Así sabía Madre Paula sembrar felicidad en el corazón
de sus alumnas.
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Miniatura
7: En soledad vivía
Sobre
el granado, una paloma, expresión de la madurez de alma de
Madre Paula, establecido ya su nido en la quietud y soledad de amor,
semejante a la blanca palomica. De allí, su Amado la guía
y descubre los secretos del cielo. Herida de amor, el Amado se le
comunica en esta soledad divina. Cuentan los testigos, que la Beata
Madre en los últimos años de su vida gustaba sentarse
a la sombra de una palmera del jardín del colegio de Olesa,
y allí se regalaba leyendo las Obras de Santa Teresa de Jesús.
A Madre Paula la oyeron repetir en sus pruebas de dolor: "Estos
son los regalitos de mi Amado Esposo", sin duda gozaría
con la poesía de la Santa Avilesa:
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"De
la Cruz dice la Esposa
a su Querido
que es una palma.preciosa donde ha subido
y su fruto le ha sabido
a Dios del cielo
y ella sola es el camino
para el cielo.
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Es
la Cruz el árbol verde
y deseado
de la Esposa, que a su sombra se ha sentado
para gozar de su Amado
el Rey del cielo
y ella sola es el camino
para el cielo". |
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Miniatura
8: Dormición de la Madre
"Es
preciosa a los ojos de Yavé, la muerte de sus justos".
Es el 26 de febrero de 1889. La Beata Madre está enferma,
en cama; hacia las seis de la tarde la enfermera la sorprende, la
ve incorporarse, los brazos alzados, los ojos le brillaban, su mirada
en un punto lejano, y la oye murmurar con voz clara y vibrante
"Mare, Mare meva" (Madre, Madre mía). Han sido
sólo unos segundos, sus manos se han posado suavemente, reclina
la cabeza entre los brazos de su enfermera. Madre Paula se ha dormido
en el Señor. Esta miniatura está inspirada en una
pintura mural del Monte Athos "la muerte justa del monje".
Un ángel lleva entre sus manos, cubiertas en signo de respeto,
una paloma, expresión del alma de la Beata Madre. Citaremos
las palabras de San Gregario de Niza "El alma recobra su
primera belleza. Acercándose a la Luz, se hace luz. Y en
la Luz, refleja la hermosura de la paloma, paloma que revela la
presencia del Espíritu Santo. El Verbo dirigiéndose
a ella la llama hermosa por su proximidad y paloma por su hermosura".
Los dos pavos reales junto al árbol, tienen su significado.
Uno de ellos dando muerte a la serpiente, simboliza el combate espiritual
de Madre Paula, la victoria sobre el mal. El otro nos recuerda la
gloria del paraíso, recuperada en el fruto del árbol
de la Cruz. Símbolo clásico en el arte siriaco y armeno,
especialmente en el manuscrito de Rabula.
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EPÍLOGO
La
Iglesia nos presenta a Madre Paula como ejemplo y testigo de una vocación
vivida en plenitud. En este año consagrado a la familia, repetimos
los deseos formulados por Su Santidad el Papa Juan Pablo II en el día
de su Beatificación:
"El
carisma de la Beata Madre Montal vive en vosotras, amadas religiosas escolapias,
y su exaltación hoy al honor de los altares representa una apremiante
invitación que el Señor os dirige para que renovéis,
como almas consagradas, vuestro fecundo servicio eclesial en fidelidad
a su carisma, en favor de la dignidad de la mujer y de la familia. Quiera
Dios que, por su intercesión y ejemplo, la acción educativa
de la Iglesia con la niñez y la juventud reciba un decidido impulso
"
Homilía
de S. S. Juan Pablo II, el 18-IV-1993
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