ESPIRITUALIDAD ESCOLAPIA     5


ICONO DE LA BEATA PAULA MONTAL:

SUS SÍMBOLOS Y SU MENSAJE

Roma 1994

 
PÓRTICO

Resplandeciente de la belleza inicial.
Testigo de la Misericordia de Dios.
Portadora de la Compasión de la Toda Santa Theotokos,

La Beata Madre Paula Montal de S. José de Calasanz nos entrega su mensaje en líneas y colores, plasmado por el Espíritu Santo, Iconógrafo y Protagonista por excelencia de todo Icono.

De tipo hagiográfico, el Icono de la Beata Paula Montal, Fundadora del Instituto de las Madres Escolapias, pertenece al modelo Iconográfico llamado "épico", según la expresión de Konrad Onasch. Acompañando a la Beata Madre, sobre el marco "pole", ocho miniaturas relatan algunas escenas de su vida. Ilustraciones que traducen y acentúan la dimensión sobrenatural de su misión.

La estructura gráfica del icono descansa sobre las líneas del Blasón de la familia Calasancia.

La letra "A", incrustada en la letra "M", expresa las dos realidades, o más bien, las dos líneas fuertes de la vida de la Beata: el carisma mariano y el carisma calasancio.

El ápice de la letra "A" coincide en las manos de la Madre de Dios en la miniatura de la Hipapante. Como envuelta en la letra "A", la Beata Madre, erguida, firme, ocupa el centro del icono en el "Kovtcheg" (parte ahondada), nombre utilizado en la Biblia para designar el Arca de la Alianza.

Tanto en Oriente como en Occidente, la Iglesia ha visto en el Arca de la Alianza el símbolo de la Theotokos; la iconografía sitúa en el "arca" a los Bienaventurados...

Madre Paula recibe la vocación y el carisma propio de manos de la Virgen, vivió escondida en su Corazón de Madre, fue en ese escondrijo santo en donde aprendió el don total de sí misma.

Los ápices de la letra "M" coinciden a la izquierda con la mano de Cristo y a la derecha con la de la Madre de Dios. Los dos trazos perpendiculares: el de la izquierda atraviesa el árbol y el río, el de la derecha el edificio y las niñas, y como en la letra "A", la Beata Madre se ubica también en la letra "M", simbolizando así el carisma total del Instituto. Penetremos en la significación de estos símbolos; así aprenderemos la lectura del Icono y nos dejaremos enseñar por él en nuestra contemplación.

FIGURA CENTRAL

La Beata Madre Paula Montal, de pie, erguida en la actitud de los resucitados, emerge de un fondo de oro que representa la gloria, luz de la Jerusalén celeste y en donde quedan inscritos los nombres de los Bienaventurados.' Revestida con el hábito religioso de su Instituto, puesto que fue su librea en la tierra. El Icono habla siempre de un ser encarnado, y lo que nos muestra de él asume, en una visión escatológica, su peregrinar terrestre. Fundadora de las Madres Escolapias, vestida con el hábito de las Escuelas Pías, "color negro, con ceñidor, semejante en lo posible a la sotana escolapia". La Orden de las Escuelas Pías es para Madre Paula el lugar donde su vocación se realiza, el lugar de su santificación y de su transformación. El hábito negro en el Icono, iluminado por el "Iápis lazuli", pigmento natural, precioso, que con su color noble evoca los destellos de la vida divina en su alma y el fuego de amor que abrasó su corazón. Este amor es el que la lanza a trabajar por la buena formación de las niñas forjando un futuro: la santificación de la familia.

Su silueta, esbelta y vertical representa el alma fuerte que la habita. La verticalidad, expresión de la entereza, es signo de garantía de la verdad de su mensaje. Sin embargo, la ligera inclinación de su cabeza indica su entera sumisión y disponibilidad, evocando el eterno FIAT de María. A su ejemplo, Madre Paula ha vivido para cumplir la Voluntad de Dios. Cuántas veces sus hijas le oyeron decir "Hágase en todo la Voluntad de Dios". "La santa obediencia lo ha dispuesto así, hágase en todo la Voluntad de Dios".

Mostró siempre y en todas las ocasiones, una sabiduría y una perspicacia que sólo los santos, asistidos por el Espíritu Santo, pueden poseer. Estos trazos de Dios quedan expresados por el resplandor de su rostro, lugar de la presencia del Espíritu de Dios, y de su cabeza, sede de la inteligencia y de la sabiduría.

El gesto de su mano derecha refleja y acentúa su actitud de acogida. Toda disponible a la acción del Espíritu Santo. Se le pueden aplicar las palabras de San Cirilo de Jerusalén: "La entrada del Espíritu en nosotros se hace con dulzura, se le acoge con alegría, su yugo es suave. Su llegada se anuncia con rayos de luz y de ciencia. Viene con la ternura de un verdadero defensor, pues viene a salvar, sanar, enseñar, aconsejar, fortalecer, reconfortar, iluminar el espíritu, primeramente en el que lo recibe y por éste comunicarse a los demás".

Su mano izquierda sostiene con elegancia un pergamino, expresión de su deseo "Quiero salvar las familias, enseñando a las niñas el Santo Temor de Dios". Frase repetida sin césar que llega hasta hoy con toda su actualidad. Hoy, que vemos a la familia desunida, a los niños sin amor..., el mensaje de Madre Paula, más que actual es esencial en nuestra sociedad. La santidad de la familia es la que guarda la unión familiar. La Iglesia proclama el Año 1994, "Año de la Familia". Urge. En este año, aparece el icono del apóstol de la familia, la Beata Madre Paula Montal. Ella comprendió que no hay forma más fuerte para manifestar en el mundo el misterio de un Dios, que es relación de amor, que la familia: Epifanía de la Trinidad.

¿Quién podrá .negar el lugar primordial de la mujer en la familia y en la sociedad? A este fin, la Beata Madre fundó escuelas para niñas, poniendo sus capacidades al servicio de la educación y de la formación cristiana de las que en el futuro serían las mujeres de la sociedad, inculcándoles la Piedad y el Santo Temor de Dios y hoy nos lo recuerda el Magisterio de la Iglesia: "... con la piedad y el temor de Dios... dones del Espíritu Santo... Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas".

LADO IZQUIERDO DEL ICONO

Como ya hemos señalado, el ápice izquierdo de la letra "M" -en el gráfico del Icono- parte de las manos de Cristo, formando las dos líneas divergentes, una de ellas alcanza los pies de la Beata Madre, mientras que la segunda atraviesa el árbol y el río. El punto de unión de las dos líneas anteriores de la letra "M" determina el nivel de los pies de la Beata Madre. Misionera dinámica, trabajó largo tiempo en el campo del Señor, sembró su Palabra en el corazón de las niñas cultivando la dicha en el seno de sus familias; podemos aplicarle las palabras de Isaías: "Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que le trae la buena nueva, que pregona la salvación".

Es Cristo quien envía a Madre Paula a la misión. La bendice y hace de ella el "apóstol de la familia" dando incremento a la promoción humana y cristiana de la mujer con miras a la edificación de la Iglesia.

El árbol y el río

Sobre el árbol frondoso de la familia Calasancia, Madre Paula viene a injertar la nueva rama femenina cuyo fruto serán las "Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías", a cuya cabeza irá ella, Paula Montal, como fundadora y transmisora del carisma calasancio, según reza el salmo "El justo será como árbol plantado a la vera del arroyo, que a su tiempo da sus frutos, cuyas hojas no se marchitan. Cuanto emprenda, tendrá buen suceso".

Éste es el significado del árbol en nuestro Icono: representa la familia escolapia con sus dos ramas portadoras de fruto. El árbol es también Cruz, verdadero árbol, signo de la victoria del Amor sobre todas las formas de muerte. Los Padres Griegos designan habitualmente la Cruz por las palabras "To-xylon", es decir: madero, el árbol y no por el nombre "O stavros" que significa Cruz. Ven en el madero al árbol de la vida que es gloria y vida eterna, puesto que el sufrir por amor es "el Espíritu de gloria, el Espíritu de Dios que reposa en nosotros".

La cruz y el dolor se hicieron presentes en las vidas de San José de Calasanz y en la de la Beata Paula Montal: en el seguimiento de Cristo se dejaron calumniar, ultrajar, tenidos en el olvido, marginados... como si sus deseos y aspiraciones acabasen en el fracaso y la decepción; pero "es el Señor quien preveía para ellos un destino mejor". Los quería piedras angulares de un edificio que subiría muy alto, raíces de un gran árbol que llevaría mucho fruto, árbol plantado junto a las corrientes de las aguas, agua de la gracia que purifica, refresca, fortifica y santifica. "La Sagrada Escritura designa a la Gracia del Espíritu Santo, ya como un fuego, ya como agua, poniendo en relieve que estos nombres no indican la sustancia sino la operación. Fuego que muestra la fuerza y el ardor de la Gracia, agua que significa el refrigerio y pureza del alma que la recibe".

No podemos silenciar aquí el don con que agració el Señor a la Beata Madre: la impresión del carisma calasancio en su alma. Su respuesta fue una generosidad sin desfallecer, una entrega sin descanso, que la lanzaron a la consecución del nuevo Instituto sin detenerse ante las grandes dificultades que surgieron ya en el interior, ya en el exterior de su Obra. Fortaleza inexpugnable, don del Espíritu Santo, hasta consolidar la Congregación dándole como base la Espiritualidad, las Constituciones y las Reglas de San José de Calasanz. ¿Quién mejor que la Beata Madre podrá expresar su sentir? En una carta dirigida al Prepósito General de la Orden de las Escuelas Pías dice: "En nosotras está el porvenir, han dicho los centinelas de Israel, nosotras hemos de ser digno muro y fuerza a la impiedad que corre desalada devastando las hermosas flores de la inocencia y estrujando las bellas ilusiones de los jóvenes corazones. Y a tan risueñas esperanzas corresponde nuestra fe con el fuego de nuestro amor, con la llama de nuestro entusiasmo que arde en nuestro pecho agitada por las manos del Patriarca de Calasanz, cuya imitación es nuestra dicha, nuestra esperanza, nuestro consuelo".

LADO DERECHO DEL ICONO

El ápice derecho de la letra "M" -recordemos el gráfico del Icono- coincide en la mano de la Theotokos, de donde parten las dos líneas, una que alcanza el nivel de los pies de la Beata Madre y la segunda que atraviesa el edificio y las niñas.

María la "digna" Theotokos (Axlon) se hace presente en nuestro icono en la actitud de intercesión "Deisis". La que adelantó la hora de Jesús en Caná: "María colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es Madre allí donde Él es Salvador y Cabeza del Cuerpo Místico". Las palabras que le dirigió Jesús suspendido en el madero de la cruz: "Mujer, he ahí tu hijo" le confirieron su función de intercesión materna. María, la nueva Eva -vida- protege y guarda a todas las criaturas. Está presente en la Obra de Madre Paula y cubre con su intercesión a la Fundadora y a sus hijas y las protege y guarda en su brazos como antaño lo hiciera con su Hijo Jesús. Sus manos inmaculadas, abiertas, en gesto de súplica, y la inclinación de su cabeza expresan esta realidad. Ella cuida de la Beata Madre y de su Instituto. Derrama gracias sobre ellos y deja pasar el flujo del Espíritu Santo, fecundado con su poder de Madre, que intercede como Reina ante su Hijo Jesús.

María es la Educadora de la que será educadora de tantas religiosas y jóvenes. Madre Paula ha penetrado el misterio de la Virgen-Madre, que sirve a su Hijo en sus miembros. Su misión en la Iglesia es actualizar el rostro maternal de María. Con ternura de madre guarda a sus hijas y alumnas que descubren en su manera de obrar un reflejo del Corazón de María.

Jovencita aún, Paula es miembro de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, más tarde la vemos en la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, mostrándose fiel y fervorosa en el cumplimiento de sus obligaciones, resaltando en su oración y caridad hacia sus prójimos, especialmente a los más pobres y necesitados. Siempre a la escuela de María a quien había escogido como Modelo y Maestra.

Siguiendo a San José de Calasanz, elige como divisa "Piedad y Letras", palabras fuertes que marcarán la línea en su labor educativa.

El edificio

Simboliza en nuestro Icono los colegios fundados por Madre Paula. En ellos desplegó su celo apostólico por la consecución de sus aspiraciones: la santificación de las familias. Los que la conocían solían repetir: "donde esté Paula, crecerá la familia".

Las dos jovencitas

El ideal que animaba el corazón de Madre Paula: elevar el nivel de la mujer, para salvar las familias, lo vemos simbolizado en el Icono por las dos niñas. Una de ellas con un libro en la mano, expresando la cultura y la segunda con un rosario simbolizando la piedad. Así se realizan los deseos de San José de Calasanz cuando decía: "Si desde la infancia se educa a un niño en la piedad yen las letras, hemos asegurado para toda su vida un camino de felicidad".

Consecuentes hasta el fin, Madre Paula y sus hijas siguiendo a los Padres Escolapios, ofrecen a Dios un cuarto voto, el de enseñar la Piedad, el Trabajo Manual y las Letras a los alumnos.

MINIATURA DE LA PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO

En el centro del cuadro superior, como presidiendo el Icono, vemos la representación de la Hipapante -encuentro del Mesías con su pueblo- haciendo así resaltar la importancia de este misterio de la vida del Señor, con relación a la Beata Madre y a sus hijas. Un dos de febrero la Beata Madre pronunció sus votos religiosos en compañía de sus tres primeras seguidoras: Inés, Felicia y Francisca. Día en que quedó fundado el Instituto de las Madres Escolapias.

En el centro de la composición, aparece María, la Madre de Jesús, ofreciendo a su Hijo, y en su Hijo ofrece también a Madre Paula y a sus hijas: serán también iluminadas con el resplandor de Jesús y a su vez, iluminadoras de las demás.

María, San José, el Niño Jesús están representados en la miniatura como modelo de todas las familias. Esta representación atrae las miradas y los corazones de las Hijas de María Escolapias, en donde penetran y aprenden su misión propia y específica concerniente a la familia y la importancia de la sumisión y humildad en su carisma en la Iglesia. Sumisión y humildad de la Sagrada Familia sometiéndose al querer del Padre aceptando los preceptos de la Ley.

Canta la Liturgia bizantina en esta fiesta "El Antiguo de días el que anciana mente había dado la Ley a Moisés en el Sinal, se muestra en este día como Niño recién nacido, y el que es Autor de la Ley para cumplir su propia Ley, se encamina hacia el Templo según lo prescribe la Ley".

La Beata Madre no cesaba de repetir a sus hijas "Para llegar a la cumbre de la perfección hemos de practicar la santa humildad y obediencia: con sólo esas dos virtudes nos uniremos a Cristo". Madre Paula enseñó con el ejemplo de su vida, más que con sus palabras. Ella, la Fundadora, se vio relegada y marginada desde el primer día de la erección de su Instituto. Más tarde, retirada en Olesa de Montserrat, alejada del Consejo de su Congregación, su actitud fue siempre de heroica sumisión, sin pronunciar palabras de queja. Vivió su soledad y su actividad de apóstol en la alegría del Espíritu, dando testimonio hasta el fin de su vida de una fidelidad sin desfallecer a la misión que Dios le confió.

LAS MINIATURAS HAGIOGRÁFICAS

El orden en las miniaturas: Comenzamos por la parte superior de la izquierda, descendemos hasta la cuarta miniatura, y seguimos por las otras cuatro del lado derecho, dejando la del centro, la Hipapante, que no la contamos como miniatura hagiográfica.

Miniatura 1: Arenys, enseñando el catecismo, la lectura y los bolillos...

Arenys, su pueblo natal. La Beata Paula Montal participa activamente en el apostolado de su Parroquia. Fiel colaboradora del Cura Párroco, enseña el catecismo, la lectura y labores, especialmente los bolillos. En la miniatura vemos la iglesia de Santa María de Arenys de Mar, declarada Monumento Histórico-Artístico el 20 de febrero de 1976.
Miniatura 2: La Profesión Religiosa

Dos de febrero de 1847. Las cuatro primeras escolapias pronuncian sus votos de castidad, pobreza, obediencia y dedicación a la educación de la juventud. Paula la primera en manos del Padre Director General, Agustín Casanovas, luego Felicia, Inés y Francisca en manos de Madre Paula y del Padre Agustín. La presencia del baldaquino simboliza la consagración total y definitiva de la Beata Madre.

Miniatura 3: Inicia a sus novicias en la Espiritualidad Calasancia

La gloria de Dios, el progreso del Instituto y el mejor servicio a la juventud dependen de la buena formación de sus novicias. Con suavidad, pero con eficacia y exigencia, sembró en el corazón de las novicias el carisma recibido, con gran amor a San José de Calasanz, a las Constituciones y al Instituto. El gesto de la Beata Madre indicando el Icono de San José de Calasanz afirma este ideal.

Miniatura 4: El Padre General entrega las Constituciones a S. S. Pío IX

El trece de agosto de 1856, el Papa recibe en audiencia al P. Fucile, Prepósito General de las Escuelas Pías. Éste le hace entrega de un informe de la Congregación de Hijas de María, un ejemplar "modestamente adornado" de las Constituciones y una carta de la Superiora General. Pío IX muestra su agradecimiento y complacencia y promete aprobar el Instituto apenas reciban las Reglas dictamen favorable "porque él -dijo- alumno de San José de Calasanz, por cierta razón de origen, estaba unido con sus Hijas", y complaciente añadió "que él quería guardar el libro que había recibido como un regalo precioso".

Miniatura 5: Salva a sus Hijas de la persecución

1874. La persecución religiosa se desenfrena con fuerza por toda la región; hasta el pueblecito de Olesa de Montserrat está en peligro y sus sacerdotes y religiosas amenazados. Madre Paula lo comprende y por salvar a su comunidad decide la huida. De casa Durán, trajeron al colegio un baúl de ropas, faldas, pañuelos, mantones..., para nueve mujeres. Las Religiosas vestidas de payesas, se embarcan hasta Esparraguera. Madre Paula confía sus Religiosas a la Madre General y ella vuelve a Olesa. No quiere abandonar ni el colegio ni sus niñas y exalumnas. Su fortaleza de alma vence los peligros, y allí permanece entre las gentes de aquel pueblo, que es ya su pueblo.
Miniatura 6: La Chocolatada

Trece de diciembre, fiesta de Santa Lucía. Las niñas están todas ese día en el colegio. Grupo alegre y bullicioso. Representan el martirio de la Santa: una chiquilla con túnica blanca, la palma y el plato tradicional con los ojos de cera..., la vida de la joven de Siracusa, que prefiere perder los ojos de su cuerpo, antes que la pureza. Y así forman una procesión por las calles y plazas del pueblo, cantando y recogiendo en cestos los dones de la gente que con gozo presencian el desfile. Monedas, huevos, chocolate, galletas..., los cestos se van llenando. Madre Paula recoge los dones, para repartirlos entre las niñas, al día siguiente, en la "chocolatada"... Así sabía Madre Paula sembrar felicidad en el corazón de sus alumnas.

Miniatura 7: En soledad vivía

Sobre el granado, una paloma, expresión de la madurez de alma de Madre Paula, establecido ya su nido en la quietud y soledad de amor, semejante a la blanca palomica. De allí, su Amado la guía y descubre los secretos del cielo. Herida de amor, el Amado se le comunica en esta soledad divina. Cuentan los testigos, que la Beata Madre en los últimos años de su vida gustaba sentarse a la sombra de una palmera del jardín del colegio de Olesa, y allí se regalaba leyendo las Obras de Santa Teresa de Jesús. A Madre Paula la oyeron repetir en sus pruebas de dolor: "Estos son los regalitos de mi Amado Esposo", sin duda gozaría con la poesía de la Santa Avilesa:

"De la Cruz dice la Esposa
a su Querido
que es una palma.preciosa donde ha subido
y su fruto le ha sabido
a Dios del cielo
y ella sola es el camino
para el cielo.
Es la Cruz el árbol verde
y deseado
de la Esposa, que a su sombra se ha sentado
para gozar de su Amado
el Rey del cielo
y ella sola es el camino
para el cielo".
 

Miniatura 8: Dormición de la Madre

"Es preciosa a los ojos de Yavé, la muerte de sus justos". Es el 26 de febrero de 1889. La Beata Madre está enferma, en cama; hacia las seis de la tarde la enfermera la sorprende, la ve incorporarse, los brazos alzados, los ojos le brillaban, su mirada en un punto lejano, y la oye murmurar con voz clara y vibrante "Mare, Mare meva" (Madre, Madre mía). Han sido sólo unos segundos, sus manos se han posado suavemente, reclina la cabeza entre los brazos de su enfermera. Madre Paula se ha dormido en el Señor. Esta miniatura está inspirada en una pintura mural del Monte Athos "la muerte justa del monje". Un ángel lleva entre sus manos, cubiertas en signo de respeto, una paloma, expresión del alma de la Beata Madre. Citaremos las palabras de San Gregario de Niza "El alma recobra su primera belleza. Acercándose a la Luz, se hace luz. Y en la Luz, refleja la hermosura de la paloma, paloma que revela la presencia del Espíritu Santo. El Verbo dirigiéndose a ella la llama hermosa por su proximidad y paloma por su hermosura". Los dos pavos reales junto al árbol, tienen su significado. Uno de ellos dando muerte a la serpiente, simboliza el combate espiritual de Madre Paula, la victoria sobre el mal. El otro nos recuerda la gloria del paraíso, recuperada en el fruto del árbol de la Cruz. Símbolo clásico en el arte siriaco y armeno, especialmente en el manuscrito de Rabula.



EPÍLOGO

La Iglesia nos presenta a Madre Paula como ejemplo y testigo de una vocación vivida en plenitud. En este año consagrado a la familia, repetimos los deseos formulados por Su Santidad el Papa Juan Pablo II en el día de su Beatificación:

"El carisma de la Beata Madre Montal vive en vosotras, amadas religiosas escolapias, y su exaltación hoy al honor de los altares representa una apremiante invitación que el Señor os dirige para que renovéis, como almas consagradas, vuestro fecundo servicio eclesial en fidelidad a su carisma, en favor de la dignidad de la mujer y de la familia. Quiera Dios que, por su intercesión y ejemplo, la acción educativa de la Iglesia con la niñez y la juventud reciba un decidido impulso…"

Homilía de S. S. Juan Pablo II, el 18-IV-1993