CARTAS DE M. PAULA
 
PRIMERA CARTA AL PADRE JENARO FUCILE
SEGUNDA CARTA AL PADRE JENARO FUCILE
TERCERA CARTA AL PADRE JENARO FUCILE
CUARTA   CARTA AL PADRE JENARO FUCILE
CARTA A UNA NOVICIA
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

PRIMERA CARTA AL PADRE JENARO FUCILE
 
Benedicite.
Reverendísimo Padre General de las Escuelas Pías.
Sabadell 2 de octubre de 1855.

Reverendísimo Padre en el Señor:

Con sumo placer tomo la pluma para poner en conocimiento de vuestra Paternidad el gozo y alegría que esperimenta mi espíritu, desde que he sabido por el (sic) Reverendo Padre Director de nuestra Congregación que se ofreció para presentar al Sumo Pontífice las Reglas de nuestra Congregación. Ay! Padre mío, permítame, aunque no tenga el honor de conocer a vuestra Paternidad, permítame que mi corazón se desahogue con vuestra Paternidad. Hace más de 18 años que esta su súbdita y hermana tiene unos deseos tan grandes de que podamos ser unas verdaderas Religiosas Escolapias, y estar bajo la dirección del Reverendísimo Padre Comisario Apostólico de las Escuelas Pías de España. De noche y de día le estoy clamando al Todopoderoso. Ah, Padre mío! Quien sabe todo mi interior es nuestro Reverendísimo Padre Comisario Apostólico, que hace más de 8 años que se lo manifesté y él sabe todos mis pensamientos y deseos. Por eso, al momento que supo esta su súbdita que vuestra Paternidad se ofrecía para presentar nuestras Constituciones al Sumo Pontífice, al instante le escribí dándole conocimiento de que se ofrecía vuestra Paternidad a presentar nuestras Reglas, que son las de San José de Calasanz, al Sumo Pontífice. Me contestó con la carta satisfactoria que también enviamos a vuestra Paternidad. Es Padre que nos aprecia mucho, y tenemos también por Director de Ia Congregación a un Reverendo Padre Escolapio que se llama Agustín Casanovas, que es nuestro consuelo y amparo.

Rogaré a Dios para que de salud a vuestra Paternidad, para que pueda cumplir mis grandes deseos. Oh, Reverendísimo Padre, mas de mil veces me he encontrado con el espíritu a las sagradas plantas de nuestro Santo Padre el Sumo Pontífice, desahogándole mi interior y pidiéndole que nos conceda ser unas verdaderas hijas de nuestro glorioso Padre San José de Calasanz. He consultado muchas veces con el Reverendísimo Padre Comisario Apostólico estas cosas, y siempre me dice que es obra de Dios, y que me curnplirá mis deseos. Ojalá, Reverendísimo Padre que vuestra Paternidad pueda alcanzar la aprobación del Sumo Pontífice como lo desea esta su humilde súbdita, que rendida a sus pies pide la bendición de vuestra Paternidad.

Paula Muntal de San José de Calasanz, escolapia
(rubricada).

 
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SEGUNDA CARTA AL PADRE JENARO FUCILE
 


Pax Christi
Reverendísimo Padre General de las Escuelas Pías.

Reverendísimo Padre:

Conocemos es y grande atrevimiento el que estos viles gusanillos ocupen por un solo momento los ojos de vuestra Paternidad, pero Padre, como hemos oído largas y agradables explicaciones de Vuestra Paternidad por boca del Reverendo Padre Lluch y de la Señora Marquesa Doña Manuela de Rocafort, quienes fueron con finura recibidos en ese su colegio, cuyo favor agradecen indeciblemente a vuestra Paternidad y a esa su Reverenda Comunidad, es el motivo que nos anima a dirigirnos otra vez a vuestra Paternidad confiando en la bondad de su caritativo corazón. También nos mueve a ello el haber recibido ha pocos días una satisfactoria carta del Reverendísimo Padre Comisario Apostólico Jacinto de la Virgen de los Angeles. Sí, Padre; los buenos deseos, las sinceras plegarias de vuestra Paternidad y del Padre Comisario dirigidas al Altísimo para que bendiga nuestro Instituto, hijo predilecto del de Calasanz, nos son bien conocidas y nos complacemos muy particularmente en atribuir a la protección de vuestra Paternidad, a sus poderosas oraciones, la bendición que el cielo ha derramado a nuestra obra, el esplendor a que se ha alzado, el prestigio y crédito que se ha merecido, la velocidad con que se ha propagado, la fama y renombre que por todas partes ha difundido la sabiduría de sus reglas, el buen resultado de sus desvelos.

Cuando con las hermanas Inés de San Juan y Felicia Clavell de Santa Teresa nos reunimos para dar cima a una obra de educación para Señoras y concebimos la idea muy feliz de poner por base las reglas que sirvieron para levantar el majestuoso e indestructible edificio de San José de Calasanz, no dudamos de que había de merecer la eficaz protección de vuestra Paternidad, sabido como nos es la bondad, celo y entusiasmo que le animan en favor de la Escuela Pía, cuyo director general es muy dignamente y cuando resolvimos erigirle bajo la tutela de la Madre de Dios, estuvimos sobrado convencidas de que nuestra obra benéfica y civilizadora no había de ser quebradiza, había de nacer robusta y crecer esbelta como los pensamientos que la producía.

Muy luego lo hemos visto, Reverendo Padre. Dios ha llenado de santo júvilo (sic) nuestras almas, ha enagenado de placer nuestros corazones.

Siete casas hemos visto florecer en este período corto, y cada una ha merecido la admiración de los Prelados que Ias han visitado y les ha arrancado lágrimas de gozo, digna compensación a los sinsabores que acibaran sus almas celosas. "En nosotras está el porvenir" han dicho los centinelas de Israel, nosotros hemos de ser digno muro y fuerza a la impiedad que corre desalada debastando Ias hermosas flores de la inocencia y estrujando las bellas ilusiones de los jóvenes corazones. Y a tan risueñas esperanzas corresponde nuestra fe, con el fuego de nuestro amor, con la llama de nuestro entusiasmo que arde en nuestro pecho agitada por la mano del Patriarca de Calasanz, cuya imitación es nuestra dicha, nuestra esperanza, nuestro consuelo.

Embargado nuestro espíritu por la fuerza de nuestra gratitud sirve a Dios con toda la espansión de su placer y si a lo presente estuviéramos restringidos sabe Dios cuán satisfechas (sic) estaría nuestra alma, cuán corta sería nuestra ambición. Empero Dios que en sus misericordias se ha dignado acojer propicio nuestra obra, nos juzgaría, si no trabajásernos con celo y afán a su porvenir, a su gloria y a su afianzamiento. Obligados estamos a buscar su honra y a trabajar para el decoro de la casa de Dios y a procurar el sosiego y progreso de la sociedad basado en la moral religiosa.

Por esto, reverendísimo Padre, por esto suspiramos tanto la bendición de nuestro inmortal Pontífice Pío IX: su suprema aprobación a nuestco pío instituto, es nuestro estar, nuestra dicha, nuestra última y verdadera gloria. Que nos la dispense rogamos asidua y fervorosamente a Dios y a su misericordiosísima Madre, cada día consagramos lágrimas a tan importante objeto.

A vuestra Paternidad interponemos para que con su poderosa influencia acelere el día en que nuestro instituto sea declarado digno hijo de la Iglesia. Esta declaración sería un nuevo consuelo para la Iglesia, tan desgarrada por hijos que ha nutrido en su seno, sería un nuevo mentís a sus enemigos que la proclaman reñida con la civilización, alzando ella las antorchas que la guían.

Públicos son los piadosos sentirnientos de nuestro Supremo Pontífice, conocidos nos son sus predilecciones y simpatías a la Escuela Pía, cuyo discípulo tiene en honra el contarse, y cuyos consejos cuantas veces ha recibido.

De aquí trahe (sic) origen nuestra gran confianza, cimentada en el favor que siempre hemos experimentado asidas del victorioso nombre de María. A Pío IX sin duda nuestra institución deberá la gloria de su encumbramiento, él es el héroe de los grandes acontecimientos y nuestro Dios nos lo tiene revelado.

Acércanse para la Iglesia días de gloria. En el próximo Consistorio recibirán el Capello dignos Prelados y célebres y celosos ministros serán preconizados Obispos. Fuéramos también nosotras y nuestro Instituto recibidas en aprobación!!!!!!

Hágalo Dios y dígnese vuestra Paternidad procurarlo por cuantos medios le insinúe su reconocido celo. Los autos son vistos en esa Curia Pontificia y si algún obstáculo se opusiere para que la institución de Hijas de María Escolapias sea aprobada en el próximo Consistorio, esperamos que todo lo removerá su celo para que no nos veamos privadas de la sanción Pontificia, en que están interesados la religión, la Iglesia, la sociedad, la gloria del instituto del Santo Patriarca y el porvenir de nuestra pía congregación.

Dígnese vuestra Paternidad acoger benignamente las protestas de nuestra sumisión, y postradas a sus plantas esperamos su apostólica bendición.


Paula Muntal de San José de Calasanz,
Superiora (rubricada)

Eudalda Mercadal de la Purísima Concepción, Secretaria.
Igualada 1 de enero de 1856.

 
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TERCERA CARTA AL PADRE JENARO FUCILE
 


Reverendísimo Padre:

Mi muy apreciable Padre en Jesucristo: recibí su muy favorecida del 12 de diciembre de 1855, que me colmó de satisfacción, por ver en ella cuán conformes son los sentimientos que animan a vuestra Paternidad con los de esta su humilde hija.

Vuestra Paternidad me dice que es difícil obtener que el Instituto de las Hijas de María dependa del Comisario Apostólico de las Escuelas Pías de España. En este caso deseamos ser dirigidas por un Padre de las mismas Escuelas Pías como vuestra Paternidad nos aconseja. Por esto, nuestro Reverendísimo Padre Comisario Apóstolico nos permite por Director de la Congregación un Padre, que trabaja mucho por nuestro bien.

Hace dos días que escribí al muy Reverendo Padre Comisario Apostólico y le digo que enviamos a Roma el libro de nuestras Constituciones y de nuestro Santo Padre José de Calasanz para que vuestra Paternidad lo presente al Sumo Pontífice.

Dios conserve a vuestras Paternidades para que puedan cumplir nuestros deseos. Yo por mi parte dirigiré mis pobres votos al Altísimo a fin de que se digne derramar sus santas bendiciones a la obra que el Omnipotente ha tenido a bien confiar a vuestras Paternidades. Por esto, Reverendísimo Padre, por esto suspiramos tanto la bendición de nuestro inmortal Pontífice Pío IX y su suprema aprobación de nuestro Pío Instituto, en 1a cual consiste nuestro bienestar, nuestra dicha y nuestra verdadera felicidad, a cuyo fin rogamos fervientemente a Dios y a nuestra bondadosa Madre la siempre Virgen María, a fin de ver satisfechas nuestras esperanzas.


Sabadell, 22 de mayo de 1856.


Dígnese vuestra Paternidad aceptar los cordiales ofrecimientos de esta su humilde hija en Cristo, que postrada a sus plantas espera de vuestra Paternidad la apostólica bendición.

Paula Muntal de San José de Calasanz Escolapia
Maestra de Novicias. (rubricada)

 
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CUARTA CARTA AL PADRE JENARO FUCILE
 

 

Reverendísimo Padre:

Mi muy apreciable Padre mío en Jesucristo:

Con suma alegría de mi corazón pongo pluma en la mano para decir a vuestra Paternidad lo que está pasando en lo interior de mi alma desde que leí en sus apreciadísimas cartas que el Santísimo Padre nuestro, el Sumo Pontífice, había recibido con mucha benignidad y había leído las Reglas de nuestro Santo Padre Calasanz y que pronto nos veremos aprobadas.

Ah, Reverendísimo Padre! El gozo de mi alma, con la pluma no soy capaz poderlo ponderar en esta carta. Qué gracia tan grande si podemos merecer la aprobación apostólica de nuestro Santísimo Padre Pío IX! Gracia digo, tantos años ha deseada por su humilde súbdita y también por las demás hermanas. Yo no puedo hacer otra cosa que rogar al Altísimo en mis pobres oraciones por vuestra Paternidad, porque después de Dios, todo el bien de nuestra Congregación de Hijas de María nos ha de venir de vuestra Paternidad, según se desprende de sus cartas, que me dice que por nosotras vuestra Paternidad se encuentra dispuesto ha emprender cualquier cosa que nos conduzca al fin apetecido. Ay, vuestra Paternidad me hace derramar lágrimas de mis ojos cada vez que lo leo!

Dios le dará la paga en el cielo, gozando de su amable compañía, y en la tierra también por haber trabajado por nuestra Pía Congregación de Hijas de María.

Dígnese vuestra Paternidad acoger benignamente las protestas de nuestra sumisión y postradas a sus sagradas plantas, con el corazón lleno de alegría, esperando su Paternal bendición.

Sabadell, 18 de junio de 1857.

Paula Muntal de San José de Calasanz, escolapia
(rubricada).

 
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CARTA A UNA NOVICIA
 

Sabadell, 11 de agosto de 1859.


Muy apreciada hermana en el Señor:

Recibí la suya, que me llenó de una santa alegría al decirme que se alegra de los buenos consejos que recibió durante el tiempo del noviciado; ya sabe usted, hermana mía, que rnis deseos eran que hubiese podido concluir los dos años, como dicen las Santas Reglas, pero me consuelo porque no ha sido culpa mía, sino que la santa obediencia lo ha dispuesto así; hágase en todo la voluntad de Dios!

Lo que le encargo, hermana mía, es, que persevere en los mismos sentimientos y deseos que tenía estando en el noviciado, de adelantar en el camino de la perfección. Ya sabe que para llegar a la cumbre de la perfección hemos de practicar la santa humildad y obediencia; con solo estas dos virtudes nos uniremos con Jesucristo y tendremos la dicha de ver al amado Esposo de nuestras almas, por eternidades. Qué alegría, herrnana mía, vernos en el cielo! Mis deseos son de verlas allí a todas ustedes; ya se lo puede decir a todas mis Hermanas, que a todas las amo en el Señor.

Tenga la bondad de saludarlas de mi parte, una por una, empezando por la Madre Carmen, que todas me tengan presente en sus oraciones, y diga a Madre Carmen, que le deje escribir al Sr. Cura Párroco, pues me parece le toca a usted de obligación, por lo mucho que ha hecho por usted. Por Dios, séale agradecida a los favores que le ha hecho.

No me alargo más, porque tocíavía me encuentro débil, pues no he estado buena, por eso he tardado en escribir: estos son regalitos de mi amado Esposo; ayúdeme usted a darle gracias, y usted puede disponer de su afectísima hermana que la ama en el Señor,


Paula Muntal de San José de Calasanz.


P.D. Todas las novicias la saludan.