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Pax Christi
Reverendísimo Padre General de las Escuelas Pías.
Reverendísimo
Padre:
Conocemos
es y grande atrevimiento el que estos viles gusanillos ocupen por un solo
momento los ojos de vuestra Paternidad, pero Padre, como hemos oído
largas y agradables explicaciones de Vuestra Paternidad por boca del Reverendo
Padre Lluch y de la Señora Marquesa Doña Manuela de Rocafort,
quienes fueron con finura recibidos en ese su colegio, cuyo favor agradecen
indeciblemente a vuestra Paternidad y a esa su Reverenda Comunidad, es
el motivo que nos anima a dirigirnos otra vez a vuestra Paternidad confiando
en la bondad de su caritativo corazón. También nos mueve
a ello el haber recibido ha pocos días una satisfactoria carta
del Reverendísimo Padre Comisario Apostólico Jacinto de
la Virgen de los Angeles. Sí, Padre; los buenos deseos, las sinceras
plegarias de vuestra Paternidad y del Padre Comisario dirigidas al Altísimo
para que bendiga nuestro Instituto, hijo predilecto del de Calasanz, nos
son bien conocidas y nos complacemos muy particularmente en atribuir a
la protección de vuestra Paternidad, a sus poderosas oraciones,
la bendición que el cielo ha derramado a nuestra obra, el esplendor
a que se ha alzado, el prestigio y crédito que se ha merecido,
la velocidad con que se ha propagado, la fama y renombre que por todas
partes ha difundido la sabiduría de sus reglas, el buen resultado
de sus desvelos.
Cuando
con las hermanas Inés de San Juan y Felicia Clavell de Santa Teresa
nos reunimos para dar cima a una obra de educación para Señoras
y concebimos la idea muy feliz de poner por base las reglas que sirvieron
para levantar el majestuoso e indestructible edificio de San José
de Calasanz, no dudamos de que había de merecer la eficaz protección
de vuestra Paternidad, sabido como nos es la bondad, celo y entusiasmo
que le animan en favor de la Escuela Pía, cuyo director general
es muy dignamente y cuando resolvimos erigirle bajo la tutela de la Madre
de Dios, estuvimos sobrado convencidas de que nuestra obra benéfica
y civilizadora no había de ser quebradiza, había de nacer
robusta y crecer esbelta como los pensamientos que la producía.
Muy
luego lo hemos visto, Reverendo Padre. Dios ha llenado de santo júvilo
(sic) nuestras almas, ha enagenado de placer nuestros corazones.
Siete
casas hemos visto florecer en este período corto, y cada una ha
merecido la admiración de los Prelados que Ias han visitado y les
ha arrancado lágrimas de gozo, digna compensación a los
sinsabores que acibaran sus almas celosas. "En nosotras está
el porvenir" han dicho los centinelas de Israel, nosotros hemos de
ser digno muro y fuerza a la impiedad que corre desalada debastando Ias
hermosas flores de la inocencia y estrujando las bellas ilusiones de los
jóvenes corazones. Y a tan risueñas esperanzas corresponde
nuestra fe, con el fuego de nuestro amor, con la llama de nuestro entusiasmo
que arde en nuestro pecho agitada por la mano del Patriarca de Calasanz,
cuya imitación es nuestra dicha, nuestra esperanza, nuestro consuelo.
Embargado
nuestro espíritu por la fuerza de nuestra gratitud sirve a Dios
con toda la espansión de su placer y si a lo presente estuviéramos
restringidos sabe Dios cuán satisfechas (sic) estaría nuestra
alma, cuán corta sería nuestra ambición. Empero Dios
que en sus misericordias se ha dignado acojer propicio nuestra obra, nos
juzgaría, si no trabajásernos con celo y afán a su
porvenir, a su gloria y a su afianzamiento. Obligados estamos a buscar
su honra y a trabajar para el decoro de la casa de Dios y a procurar el
sosiego y progreso de la sociedad basado en la moral religiosa.
Por
esto, reverendísimo Padre, por esto suspiramos tanto la bendición
de nuestro inmortal Pontífice Pío IX: su suprema aprobación
a nuestco pío instituto, es nuestro estar, nuestra dicha, nuestra
última y verdadera gloria. Que nos la dispense rogamos asidua y
fervorosamente a Dios y a su misericordiosísima Madre, cada día
consagramos lágrimas a tan importante objeto.
A
vuestra Paternidad interponemos para que con su poderosa influencia acelere
el día en que nuestro instituto sea declarado digno hijo de la
Iglesia. Esta declaración sería un nuevo consuelo para la
Iglesia, tan desgarrada por hijos que ha nutrido en su seno, sería
un nuevo mentís a sus enemigos que la proclaman reñida con
la civilización, alzando ella las antorchas que la guían.
Públicos
son los piadosos sentirnientos de nuestro Supremo Pontífice, conocidos
nos son sus predilecciones y simpatías a la Escuela Pía,
cuyo discípulo tiene en honra el contarse, y cuyos consejos cuantas
veces ha recibido.
De
aquí trahe (sic) origen nuestra gran confianza, cimentada en el
favor que siempre hemos experimentado asidas del victorioso nombre de
María. A Pío IX sin duda nuestra institución deberá
la gloria de su encumbramiento, él es el héroe de los grandes
acontecimientos y nuestro Dios nos lo tiene revelado.
Acércanse
para la Iglesia días de gloria. En el próximo Consistorio
recibirán el Capello dignos Prelados y célebres y celosos
ministros serán preconizados Obispos. Fuéramos también
nosotras y nuestro Instituto recibidas en aprobación!!!!!!
Hágalo
Dios y dígnese vuestra Paternidad procurarlo por cuantos medios
le insinúe su reconocido celo. Los autos son vistos en esa Curia
Pontificia y si algún obstáculo se opusiere para que la
institución de Hijas de María Escolapias sea aprobada en
el próximo Consistorio, esperamos que todo lo removerá su
celo para que no nos veamos privadas de la sanción Pontificia,
en que están interesados la religión, la Iglesia, la sociedad,
la gloria del instituto del Santo Patriarca y el porvenir de nuestra pía
congregación.
Dígnese
vuestra Paternidad acoger benignamente las protestas de nuestra sumisión,
y postradas a sus plantas esperamos su apostólica bendición.
Paula
Muntal de San José de Calasanz,
Superiora (rubricada)
Eudalda
Mercadal de la Purísima Concepción, Secretaria.
Igualada 1 de enero de 1856.
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