En
estas palabras de acción de gracias querría retomar la frase final
empleada en la invitación a esta ceremonia. Como muchos recordareis decía:
"por todo lo que ha sido gracias, a todo lo que ha de ser sí". Con
ella también hoy quiero dar gracias y decir confiadamente sí al
Dios de la vida y al Dios del amor. Gracias
al Dios que me ha regalado el don de la vida y que con callada providencia ha
ido modificando mis proyectos para irlos acomodando a su querer. Que ha conservado
la vida de mis padres, permitiéndole sentirlos muy presentes en este momento
del que están participando y gozando. Gracias
al Dios que con infinita misericordia se ha fijado en mí y me consagra
para ser de su propiedad y para siempre. Me acerca a su intimidad y me invita
a vivir en actitud de manos abiertas y oferentes porque me ha concedido un carisma
y me ha encomendado una misión. Gracias
Señor, por el regalo del carisma que encarnaron San José de Calasanz
y Santa Paula Montal. Por querer que viva mi vocación con mis hermanas
escolapias, que han sido en tantas ocasiones el cauce de tu amor y tu consuelo,
y por permitirme compartir la misión educadora con los hermanos escolapios
disfrutando de la riqueza que conlleva la unión. Gracias
por ese entramado de personas con el que has rodeado mi existencia: familiares
sacerdotes, amigos y compañeros y, como no, alumnos. Todos ellos son los
que van llenando de sentido mi vida en el día a día y en los que
puedo ver tu rostro encarnado. Con
intenso amor y en pública intimidad quiero decirte ¡Gracias Señor!,
porque sacias de bienes mi existencia y porque con paciente ternura y delicadeza
me vas haciendo comprender que sólo TÚ eres mi bien. |